
El deporte ante los conflictos armados: pasado y presente, a propósito de los últimos acontecimientos de relevancia mundial.
Los que frecuentamos el mundo del derecho y del deporte, reconocemos en este último su capacidad para ser un vehículo axiomático hacia la cultura de paz y fraternidad, la lealtad, el juego limpio, la tolerancia y la lucha contra la discriminación.
No obstante, pesa constatar que el deporte también es una fuente de contravalores, cuando se hace culto a la fuerza, se desprecia al más débil, se propugna el chovinismo, el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la homofobia, la violencia, la brutalidad, o se propician el adoctrinamiento político y los conflictos armados.
En su clásico libro “Homo Ludens”, Johan Huizinga nos expuso su teoría de que la cultura nació de manera lúdica, mediante un juego que estaría presente no solamente en formas competitivas o de confrontación como la guerra, sino en otras manifestaciones como el arte, el derecho, la ciencia y la religión.
Incluso algunos autores, basándose en los pensamientos de Nicolás Maquiavelo y Thomas Hobbes, intentaron relacionar el militarismo con el deporte, afirmando que este último implicaba – lisa y llanamente – la “domesticación de la guerra”.
José Emilio Jozami Delibasich y Miguel Antonio Laterza Zunini



















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.28