El cabezazo de Ávila puede costarle muy caro al Huesca, líder de Segunda

Al Huesca parece que se le han acumulado todos los contratiempos para el mismo tramo de la temporada. El conjunto de Rubi, líder con suma solvencia de la Liga 123, cayó anoche en el José Zorrilla contra el Real Valladolid por 3-2. El equipo oscense volvió a perder casi tres meses después. Sin embargo, a la derrota se le debe sumar un factor muy importante no sólo en el partido, sino de cara a las próximas jornadas: la expulsión de Luis Ezequiel ‘Chimy’ Ávila en el último minuto de la primera mitad.
El árbitro madrileño Valentín Pizarro Gómez expulsó al extremo argentino por, según el acta, “golpear a un adversario en la cara con su cabeza estando el balón en juego pero no en disputa directa entre ambos jugadores”. Aunque por la descripción del acta arbitral, la acción podría entenderse como un acto de “violencia en el juego”, los precedentes nos demuestran que, viendo las imágenes, el Comité de Competición podría decantarse por entenderla perfectamente como un acto de agresión.
Las imágenes son claras: Ávila se levanta del suelo y suelta un cabezazo al defensa del Real Valladolid Fernando Calero, que cae al suelo. Ante este hecho, el Comité puede llevar a cabo dos interpretaciones para resolver. Ninguna de las dos, evidentemente, es beneficiosa para el líder de la categoría de plata, aunque es cierto que una es menos gravosa.
Si el Juez Único de Competición se ciñe a lo descrito en el acta arbitral y considera que la acción forma parte del un acto de ‘violencia en el juego’, el Huesca perderá a Ávila entre dos y tres partidos. El artículo 123 del Código Disciplinario determina que “producirse de manera violenta con ocasión del juego o como consecuencia directa de algún lance del mismo, siempre que la acción origine riesgo, pero no se produzcan consecuencias dañosas o lesivas, se sancionará de uno a tres partidos o por tiempo de hasta un mes”.
Pero hay que tener en cuenta que el acta arbitral destaca que la acción se lleva a cabo al margen de la disputa del balón, por lo que debemos desechar el primer supuesto y acudir al apartado segundo: “Si la acción descrita en el párrafo anterior se produjera al margen del juego o estando el juego detenido, se sancionará con suspensión de dos a tres partidos, sin perjuicio de lo establecido en el artículo 98 del presente Código”.
El artículo 98 que se menciona conforma el segundo supuesto. Si el Comité de Competición, más que un acto de ‘violencia en el juego’ entiende que el cabezazo es una ‘agresión’, la sanción a ‘Chimy’ Ávila estaría entre los cuatro partidos, como mínimo, y los doce, como máximo. Hasta hace poco, el órgano disciplinario no sancionaba con las penas reservadas para las agresiones si en el acta arbitral no se redactaba “agresión” o “agredir”.
Sin embargo, esta temporada se han producido varios precedentes que han roto con esta regla. El último, la jornada pasada en Segunda B, donde el colegiado expulsó al delantero del Mallorca Álex López por “golpear a un adversario con uso de fuerza excesiva estando el juego detenido”. El delantero mallorquinista fue sancionado con cuatro partidos, al entenderse que su acción colindaba más con un supuesto de agresión. ¿Cuál es la línea que separa un acto de ‘violencia en el juego’ de uno de ‘agresión’? Seguramente la respuesta esté en la interpretación del colegiado, aunque daría para una reflexión aparte.
Se imponga la sanción que se imponga a ‘Chimy’ Ávila supondrá una baja importantísima para Rubi de cara a la próxima jornada. No hay que olvidar que el jugador revelación de la categoría, el colombiano ‘Chucho’ Hernández, segundo máximo goleador del Huesca con once tantos, sólo superado por Gonzalo Melero, que lleva doce, se lesionó a finales de enero y no reaparecerá hasta mediados de marzo. Por lo tanto, la autoexpulsión del argentino no hace sino poner más trabas en los esquemas del técnico catalán.
El próximo miércoles Rubi sabrá por cuánto tiempo pierde al extremo. Según la interpretación que haga el Comité, la sanción será como mínimo de dos partidos o de cuatro. El entrenador de Vilasar de Mar deberá de volver a rehacer al equipo para suplir esas dos bajas importantísimas, así como conseguir que el vértigo o el mal de altura de verse líderes en el tramo final de la competición no llegue a una plantilla que está cerca de hacer historia.

















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