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Sandra Sánchez, la sonrisa del kárate

Natalia Arriaga Natalia Arriaga Lunes, 12 de Julio de 2021

"Tenemos muchísimos campeonatos. Intentar estar siempre en las finales supone mucha presión y lo que marca la diferencia es saber mantener la calma. Y luego", insistió, "esa parte del corazón a la que no le quito ninguna importancia".

"Cada día cuando me levanto sé que es un día especial, un día único en un camino que estoy recorriendo y que va a ser inolvidable, pase lo que pase".

Gracias a esta filosofía, y siempre con una sonrisa que a menudo estalla en carcajadas, Sandra Sánchez gestiona con naturalidad lo que para otros supone un peso inasumible: ser la mejor del mundo en lo suyo.

"Intentando no pensarlo. Cuando llego a un campeonato empiezo de cero y da igual que sea la mejor o la número 100. Salgo al tatami y si no lo hago bien, no gano. Y como siempre tengo la sensación  de que me quedan un montón de cosas por mejorar, no pienso que sea la número uno. Pienso que todavía hay una mejor versión de mí misma y que tengo que sacarla".

Campeona del mundo de kata, primera en la clasificación mundial, el debut olímpico del kata en los Juegos de Tokio pasa necesariamente por una medalla para Sandra Sánchez, probablemente la baza más segura de toda la delegación olímpica española. Una mujer sin límite que va a más.

"En todo se puede mejorar. Técnica, física y mentalmente, y también en esa parte del corazón que se saca en el tatami y que es lo que hace que a la gente se le pongan los pelos de punta. Son como las patas de una mesa. Si cortas un trocito,  aunque sea pequeño, se tambalea. Si todo no está bien, no sale la mejor versión de Sandra", dijo a Efe durante uno de sus entrenamientos con miras a Tokio 2020.

"Tenemos muchísimos campeonatos. Intentar estar siempre en las finales supone mucha presión y lo que marca la diferencia es saber mantener la calma. Y luego", insistió, "esa parte del corazón a la que no le quito ninguna importancia".

A sus 39 años, Sandra Sánchez vive como una estudiante de 20 en las austeras dependencias de la Residencia Blume de Madrid. Aunque, al contrario que otros 'internos', lo hace en familia: comparte espacio con su entrenador y pareja Jesús del Moral.

"Ha sido extraño. Yo pasé de vivir independiente, de vivir con mi pareja, de tener mi vida hecha, a vivir en una residencia de estudiantes, donde todo está limitado y tengo mis horarios, como cuando era más joven", indicó.

"Pero al mismo tiempo", matizó, "valoro que aquí tengo todo lo que necesito para entrenar. Cuando ya has vivido solo sabes el tiempo que pierdes en cosas como hacer la compra, la comida... Y, sin embargo, aquí todo eso son facilidades y es tiempo que recupero para entrenar y descansar".

La mejor karateca de la historia no tiene "la sensación de haber sacrificado nada" porque, a cambio de pequeñas renuncias, está "viviendo un sueño". Ese que la lleva en volandas hacia unos Juegos Olímpicos que no podía ni imaginarse cuando en plena veintena dejó la competición para trabajar en el extranjero, cansada de la falta de oportunidades en su propio país.

Por eso, cuando se le pregunta por su peor derrota no menciona un torneo, sino una sensación: "La de no llegar, la de no saber si realmente valía para esto. Ese sentimiento de no creer en mí misma. Eso es lo que recuerdo como más triste interiormente".

JESÚS DEL MORAL, COMPAÑERO EN TODO

Sandra Sánchez se incorporó a la selección nacional con 31 años, la edad a la que muchos deportistas piensan ya en la retirada. En Jesús del Moral encontró un colaborador necesario para hacer ese camino, aunque le costó convencerle.

"Yo llevaba mucho tiempo dando clase de karate", recordó el entrenador y seleccionador nacional de kata, "y los competidores, al final, te dejan un mal sabor de boca. Pones mucho interés y cuando acaban su faceta de competición parece que se olvidan de todo lo que has hecho por ellos. No quería que me volviera a pasar".

Pensó que la insistencia de Sandra para que fuera él quien la preparase sería "algo pasajero". Jesús se dedicó a ponerle trabas "para ver si de verdad quería esforzarse y trabajar". Ella superó todas. "Es muy cabezona".

“Como karateca es igual que como persona”, dijo el técnico. “Muy tenaz, muy persistente, muy trabajadora, lucha hasta el final, no se rinde, eso es lo que la ha hecho ser diferente. Si ella hubiera dejado la competición hace diez años no habría sido la que es hoy en día. Es un cúmulo de todos los fracasos, de todas las veces que se ha levantado y que ha luchado con esas ganas y ese entusiasmo”.

“Creo que somos un pack”, apuntó Del Moral. “Nos compenetramos muy bien, me entiende y me ha captado mi forma de trabajar. Y al mismo tiempo es una persona que absorbe muy rápido, las condiciones que tiene son excelentes y es muy fácil trabajar con ella”.

Sandra le da la razón en que, efectivamente, a ella le resulta imposible trazar una línea que separe el deporte de la vida.

“Siempre que hablo de la disciplina del deporte, creo que tiene una correspondencia con lo demás. Si soy capaz de entrenar las horas que entreno, cuando la vida me exige otra cosa, ¿cómo no voy a ser capaz de hacerla?”, se preguntó. “Es la misma Sandra, no hay una Sandra deportista y una Sandra para otra vida. Es la misma persona con los mismos valores”.

Quien así se expresa deja traslucir su compromiso desde que se levanta hasta que acuesta, en jornadas de máxima exigencia que pasan por el gimnasio, el entrenamiento técnico, las sesiones de hipoxia o la fisioterapia. “Media horita de siesta” y algo de lectura antes de acostarse son las únicas licencias que se concede en su programa laboral.

Si algo de tiempo libre le sobra, no es extraño verla implicada en causas como la lucha por los derechos de la mujer, la protección de la infancia o la batalla contra el cáncer, enfermedad que padeció su madre.

“Evidentemente vives un poco aislada, pero también tienes vida. Intentas estar en contacto con lo que sucede. Tienes amigos, tienes familia, y en el día a día esas historias son reales y le pasan a tu madre, a tu amiga, a un compañero. Si algo de mí puede ayudar a los demás, hay que hacerlo. Es lo que nos hace crecer como personas y me aporta un algo que no sé explicar qué sentimiento es, pero que siento que es lo correcto”, señaló.

Por eso, Sandra Sánchez nunca he tenido el póster de un ídolo colgado de la pared de su habitación. Sus referentes son otros: “Mi madre, que es una luchadora nata; muchos deportistas que tienen una historia detrás increíble y que quizá no tengan esa medalla que merecen colgada al cuello; y todas esas personas que conoces y por un momento transforman parte de tu vida”.

La reina absoluta del kata, esa modalidad en la que el karateca pelea contra un rival imaginario, sale al tatami sola pero muy arropada por su trabajo

“Te puedes imaginar de rival a quien quieras. Depende de lo duro que haya sido el entrenamiento...¡hasta al entrenador!”, afirmó con una mirada traviesa a Jesús. “Es verdad que en el tatami esos movimientos los hacemos solos, pero trabajamos mucho tiempo en pareja para dar realidad a esa técnica. Si pienso que estoy agarrando a una persona, sé lo que cuesta, sé la fuerza que tengo que ejercer y eso se transmite en el kata”, destacó.

SHIMIZU, LA FINAL DESEADA

Y si se trata de imaginar, ¿cuántas veces se habrá visto ya en el gran día de su debut olímpico?

“Cada vez que salgo a hacer un kata en el entrenamiento”, admitió.

Piensa entonces que ya es ese momento, cómo serán los focos, el pabellón… que estará tristemente vacío por culpa de la covid-19. Y, si pudiera elegir, firmaría desde ahora una final con la japonesa Kiyou Shimizu, su rival en todas las finales del año 2019 y la única que en alguna ocasión ha logrado superarla.

“Sería una final superintensa. Como un derbi que todo el mundo está esperando y que se ha ido cuajando en muchas finales. Ojalá todo salga bien”, deseó “y esa final se repita en Tokio, sería bueno para nosotras y para el kárate en general”.

Enamorada de la cultura japonesa y dispuesta a profundizar en un idioma del que conoce “los números, las posiciones, los nombres de muchas técnicas”, cuando viaje a Tokio para los Juegos, pese a los condicionantes de la pandemia, se sentirá dentro de una de esas historias que ha escuchado desde niña.

Una niña a la que, si ahora tuviera delante, le diría llevándose las manos a la cabeza: “Vas a flipar, Sandra, con lo que te espera”. Y no le recomendaría cambiar ninguno de los pasos dados porque “las tristezas y las alegrías pasaron cuando tenían que pasar” y le enseñaron a ser lo que es.

Ella, que tanto sueña, intenta no imaginar el futuro porque la vida le ha demostrado que los planes sirven de poco.

“Seguro que todo seguirá relacionado con el kárate. Ha sido siempre parte de mi vida y lo seguirá siendo. Espero que al lado de Jesús, aprendiendo más e intentando transmitir todo lo bueno que he vivido a la gente que lo quiera recibir”, dijo.

Entre las “muchas puertas abiertas” que tiene ante sí figura la gestión. Fue seleccionadora de Castilla-La Mancha y desde noviembre de 2020 es la seleccionadora española femenina sub-21. “Desde los dos lados se pueden aportar muchas ideas. Como deportistas a veces no somos conscientes de por qué las cosas no son como nos gustarían, pero al otro lado también son muy complicadas”.

Testigo directo de la transformación del kárate español desde que el deporte obtuvo la condición de olímpico, la entrada en el Plan ADO permitió a Sandra, Jesús y el resto del equipo trabajar con una tranquilidad que antes no tenían.

“Era todo muy complicado, muchos viajes a mi costa, tener que ahorrar para viajar y al mismo tiempo trabajar y entrenar...”. Hasta el punto de instalarse unos años en Dubai para entrenar allí y generar más recursos.

“Fue una suma de circunstancias. Yo no llegaba a entrar en el equipo nacional después de muchos años intentándolo, coincidía que terminaba la carrera de Ciencias del Deporte, quería seguir aprendiendo idiomas… Se presentó una oportunidad de trabajar fuera y entendí que tenía que formarme más. Yo seguía entrenando pero dejé la competición”, explicó.

Todo eso parece ahora un pasado lejano. En el horizonte inmediato solo están los cuatro katas que tendrá que hacer en los Juegos de Tokio para ser la mejor entre las diez participantes. Llega cargada de razones. Y, si en algún momento duda, siempre está ahí Jesús para darle confianza.

“Lo más complicado fue la clasificación olímpica. Ahora estoy más que seguro de que cuando lleguemos a Tokio habrá una medalla. Y si es de oro, mejor que mejor”.

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