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Blas López-Angulo
Blas López-Angulo Sábado, 30 de Diciembre de 2017

La prensa deportiva y su discurso sexista

El fútbol es cosa de hombres, hecha por hombres y para hombres, como el soberano brandy. Pero el año que termina ha demostrado que algo está cambiando. El feminismo reclama su derecho a existir (el término feminismo en sí ya tiene mala prensa, lo que es tan revelador como nada inocente).

 

Está denunciando el acoso y la violencia sexual en un grado que ha cambiado la relajación con que la sociedad lo afrontaba. Situaciones aceptadas hasta hace poco han encontrado un cambio que trasciende la anécdota: ya no habrá tantas azafatas con flores repartiendo besos y soportando la lluva de champán sobre su obligada corta indumentaria. De haber azafatas habrá también azafatos. La mujer en el deporte reclama el espacio que su incorporación le ha otorgado: ¿si ganan más medallas por qué no lo ocupan? 


La nueva generación de deportistas, y esto incluye ambos géneros, está cambiando el actual estado de cosas. Mi hija que tiene 13 años alguna vez ha vuelto indignada del colegio porque no recibe el mismo trato en las horas de gimnasia. Si el profesor pide voluntarios para jugar al fútbol, ignora a las voluntarias de manera que ha impedido en alguna ocasión o bien que jueguen ellas, o bien que llegue a jugarse, que haya juego mixto. Las jóvenes están en guardia y hacen bien en no pasar por natural lo que no es sino costumbre y discriminación.


La profesora de la Universidad de Málaga, Guerrero Salazar acaba de publicar un estudio que documenta el sexismo lingüístico y discursivo de la prensa deportiva española. En este sentido afirma que el ámbito deportivo es claramente androcéntrico, que confunde hombre con ser humano y agrupa a las mujeres dentro de una subcategoría de "menos-hombres", salvo quizá unas pocas, que según reza algún titular de dicha prensa, tienen "coraje de hombre".

 

Es cierto que el uso del masculino genérico tiende a producir un efecto ocultador de la presencia femenina y que provoca con frecuencia el denominado "salto semántico", al emplearse  un vocablo aparentemente en su sentido genérico, que sin embargo se utiliza de un modo específico, esto es, sólo incluye a los varones. O relacionado con lo anterior, se cita a la mujer como si constituyera una categoría aparte.


Particularmente enojosa es la ancestral apelación a la virilidad del deporte y a su correspondiente léxico vulgar y genital. Obviando de paso lo cerebral y que, debería tenerse en cuenta, España debe su Copa del Mundo más a la técnica que a los supuestos pares y así de grandes huevos y cojones.


Por eso también de que que al mozo el valor se le presume, se entiende como insulto que a un deportista le llamen señorita, niña o nenaza. Por el contrario, en un registro metafórico se ha constatado el sesgo sexista de los estereotipos, de forma que las mujeres en el deporte "o son muñecas o bien se masculinizan, adoptan rasgos viriles y se convierten en réplicas inquietantes de los hombres y, de pasada, se desvalorizan como mujeres, dificultando la identificación para las mujeres jóvenes con expectativas profesionales." (Bach Arús y otros en "El sexo de la noticia: Reflexiones sobre el género en la información y recomendaciones de estilo").

 

Así en la sección de Deportes es frecuente encontrar esa dicotomía a través de metáforas de la mujer como muñeca frágil y voluble, o como camionero "con cuadríceps de dimensiones varoniles". Las nadadoras son "bellas sirenas", pero los nadadores no son Neptunos...a no ser que se dediquen a especialidades habitualmente vedadas como la sincronizada, y entonces sí, sufrirán la metamórforsis de "sirenitos".


En definitiva, muchas son las dificultades. A lo que sin duda contribuye nuestro legado cultural basado en el prestigio de los clásicos, rociado del machismo también religioso y mitológico: a la campeona Lydia Valentín se la compara con una "Hércules con maquillaje".


Asimismo es detestable el tratamiento familiar e infantilizador dado a las deportistas. El cual se agrava cuando se ve salpicado con affaires como el del ex seleccionador de la Federación de fútbol, que claramente las infravaloraba desde la condescendencia y el paternalismo, además de con expresiones que no reproduciremos aquí.


Convendría la divulgación mayor de obras académicas como la reseñada de la profesora Susana Guerrero, merecedora del Premio Nacional de Ensayo Leonor de Guzmán. Puede que incluso contribuyera a evitar la excepcionalidad que tantos titulares dispensan a las deportistas ("Una mujer (sic) consigue colarse (!) en la final del EPT de San Remo"). Siendo que la realidad lo impugna: nos ganan en medallas.

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