Zinedine Zidane: de técnico florero a entrenador centenario

Y Zidane llega a los cien partidos como entrenador de la primera plantilla del Real Madrid. Resulta que aquel entrenador que no valía ni para el filial porque lo había dejado 2º en la primera vuelta en Segunda B, aquel modelo que Florentino “enchufó” en el club por tener glamour, atraer a las marcas y ser un “galáctico”, aquel relevo de emergencia, aquel parche improvisado para tapar la mala gestión de Florentino, aquel maniquí del presidente, aquella cara sonriente o, simplemente, aquel entrenador que llegó con una flor al Real Madrid ya acumula 100 partidos. Y 3 Copas de Europa.
Tiene mucho mérito. Ha cumplido cien partido en el club de la impaciencia, de las presiones, de los pitos, de los rumores y de las exigencias. Ha cumplido una cifra que tiene el honor de compartir únicamente con 4 de los últimos 14 entrenadores que han pasado por la Casa Blanca. Estadística que revaloriza todavía más si cabe lo que para el lector antes de leer este artículo sería una simple anécdota. Desde la etapa de Vicente Del Bosque (1999-2003), solamente dos entrenadores se han sentado más de cien partidos en el banquillo del Real Madrid: José Mourinho y Carlo Ancelotti.
Por el momento, Zizou firma el cuarto mejor porcentaje en victorias en toda la historia del club blanco. Además, es, junto a Vicente Del Bosque, el tercer entrenador que más títulos ha conseguido como primer entrenador en toda la historia del Real Madrid. Sí, en menos de dos años ha logrado que los blancos se alcen con 7 copas (1 Liga, 2 Champions, 2 Supercopas de Europa, 1 Supercopa de España y 1 Mundial de Clubes). Dentro de dos meses, en Emiratos Árabes Unidos podría conseguir la octava y dejar atrás al ex seleccionador español.
Pero voy a dejar de resumir los números de su (corta) trayectoria en el banquillo blanco por aquellos que pudieran tacharme de resultadista. Bajo el traje que le acompaña en cada encuentro, Zidane esconde una piel de bombero. Si de algo se ha encargado el francés es de apagar incendios y conseguir una armonía perfecta en el vestuario, quizás el objetivo número uno de todo entrenador y el más difícil de lograr.
A su llegada, el técnico se encontró con un vestuario molesto y desconfiado. A diferencia del separatismo que venía practicando Rafa Benítez, Zidane dejó claro desde el principio que “todos son importantes”, que no había “equipo A ni equipo B”. Una filosofía que podía parecer un parche para apagar los primeros incendios y una huida hacia adelante. Excusas para hoy y hambre para mañana. Titulares de sala de prensa y de portadas. Pero los resultados llegaron y convirtieron a esa nueva filosofía, apodada por la propia prensa como Felizidane, en el mejor aval del francés.
Pero si contamos los casos individuales, la gestión humana de Zidane es casi mejor que la deportiva. Se encontró a dos jugadores top para una misma posición. Isco y James. James e Isco. Los dos jugadores pasaron por una época de ostracismo. Uno jugaba muchos más minutos que el otro. El malagueño llegó a cuestionarse su puesto en el club blanco. Y más cuando un desconocido Marco Asensio era el titular en el primer partido oficial de la temporada llevando un cuarto de hora en el primer equipo. “A mí lo único que me preocupa es tener minutos”, afirmó Isco en más de una ocasión y en más de un medio. El francés consiguió recuperar la mejor versión del mediapunta español e, incluso, que renovara hasta 2022.
En Cristiano Ronaldo nos encontramos otro caso. El portugués hasta el momento estaba acostumbrado a jugar todos los minutos que él quisiera. Esa era una norma que habían acatado Manuel Pellegrini, José Mourinho y Carlo Ancelotti. Rafa Benítez quiso conseguir en sala de prensa la jerarquía que no había despertado su llegada y afirmó que “no puedo decir que Cristiano Ronaldo haya sido el mejor jugador al que he entrenado”. Esa poca mano izquierda la intentó subsanar concediéndole todos los minutos posibles, pero aun así perdió el apoyo del portugués y, poco a poco, del resto del vestuario. Zidane optó por el pacto en lugar de por la imposición y consiguió sustituir al portugués en varios encuentros y sentarlo en otros tantos. Y el mérito no es este. El mérito es que el portugués no le puso ninguna mala cara.
Para terminar, toca destacar la confianza verdadera que le ha dado Zidane a la cantera. Que en la primera plantilla blanca la temporada pasada hubiera 8 canteranos parecía algo anecdótico, más propio del postureo. Sin embargo, los Kiko Casilla, Nacho, Mariano o Lucas Vázquez terminaron por ser fundamentales. Mariano se ganó el respeto en los pocos partidos que jugó con 5 goles, Kiko Casilla con buenas actuaciones y Nacho Fernández haciendo olvidar a Pepe. La representación de la cantera esta temporada es, si cabe más fuerte. La marcha de Mariano y Morata ha sido afrontada por Zidane con un papel protagonista y casi temerario para Borja Mayoral, el único delantero que hay en la plantilla además de Benzema. Lo mismo ha sucedido con la marcha de Danilo, cuyo relevo proviene de La Fábrica y se llama Achraf Hakimi.
En una cultura que lleva varios años predominando en nuestro país de decir mucho y hacer poco, Zinedine Zidane ha conseguido lo contrario. Pero el mayor mérito del francés es que ese no ha sido su fin, sino su medio. Con la precaución con la que siempre ha actuado, el verbo tímido que ya mostraba como jugador y una dosis importante de diálogo y empatía con la plantilla ha conseguido dejar sin efecto todos los titulares dubitativos y despectivos que despertó su contratación. Zidane ha conseguido demostrar que es el hombre adecuado para la casa adecuada.

















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