Cavani y Neymar: a vueltas con los contratos de los jugadores
La negociación de los contratos de los jugadores suele ser compleja e individualizada, pero el objetivo final del club debe anteponerse a la suma de los intereses individuales de éstos. El área jurídica y la dirección deportiva deben ir en sintonía para evitar escenas como la de Neymar y Cavani y otras cosas que, sin foco mediático, suceden y explican cosas.
La introducción de las “variables o incentivos individuales” en los contratos profesionales de los deportistas, en especial en el fútbol, es algo que se ha consolidado sobremanera. Lo que históricamente era una “variable o incentivo colectivo”, las primas por ganar un partido, o varios, o cualquier partido, o pasar una eliminatoria, o empatar fuera de casa… de la que incluso se beneficiaban (a medias) los convocados, se pasó a las primas colectivas por objetivos (que están muy bien), complementando o en sustitución de las anteriores. Es un hecho que la incentivación debe estar siempre presente, y que sencillamente representa un añadido para unos profesionales que saben perfectamente lo que tienen que hacer y para lo que les pagan.
Sin embargo, paulatinamente se han venido implantando las “variables individuales”, de manera que algunos jugadores, “en vez de” o “además de”, disponen de unos incentivos individuales muy importantes. A lo que hay que incorporar los que puedan disponer de quienes detenten sus derechos de imagen, en el caso de que no sean gestionados en exclusiva por el club, o incluso siéndolo. A veces se busca incentivar el rendimiento, aunque en otras lo que se pretende es garantizar de algún modo la inversión y no pagar más de lo necesario si las cosas no salen del todo bien (se busca un ahorro, o minimizar una pérdida, por ejemplo en caso de lesión, etc.).
De este modo, un determinado jugador puede tener en su contrato cláusulas condicionadas a hechos objetivos, individualizables, como son una determinada cantidad económica si obtiene un determinado galardón (Bota de oro, Pichichi, Zamora…) o si alcanza una determinada cifra de goles o de partidos jugados. En otras, un objetivo cumplido determina una renovación automática. Suele ser lo habitual.
Esta individualización genera, obviamente, intereses individuales en el marco de un deporte colectivo, lo que es obviamente complejo y en ocasiones contraproducente. Nadie discute que un nadador, un lanzador de jabalina… tenga este tipo de incentivos porque se trata de ÉL/ELLA. En los deportes colectivos, en el fútbol… es otra cosa. Máxime en la alta competición, donde las cantidades en juego son muy importantes, la presión es mucha, la vida deportiva corta…
Así, un jugador que tiene en su contrato un incentivo por número de partidos, se esforzará por ser alineado, algo que está muy bien. Pero también incrementa la posibilidad de que si no se encuentra anímicamente bien, si arrastra cansancio, si tiene molestias (es decir, si “no está a tope”) opte por el objetivo en vez de por la sinceridad ante el entrenador y su no alineación. Algo que posiblemente no acontecería sin dicha incentivación individual. Dicha circunstancia explicaría, por ejemplo, bajos rendimientos de jugadores en determinados partidos, más allá del estado de forma general o la suerte que siempre incide. Y es algo que el entrenador debería conocer, a lo mejor no con datos concretos pero sí genéricamente (prima por partido jugado; prima por alcanzar x partidos jugados, etc.), porque podría ayudarle a entender algunas cosas.
Por otra parte, un jugador que tiene en su contrato un incentivo por gol marcado, o por llegar a un determinado número de goles, puede no actuar igual que el que no lo tiene, que el que se beneficia de un resultado colectivo. Porque en una determinada jugada puede optar por disparar en vez del pase al compañero, o… por asumir obsesivamente el lanzamiento de un penalti o una falta, como hemos visto. El entrenador también debe conocer esto para actuar en consecuencia, buscando lo mejor para el equipo, por encima de las preferencias de terceros en discordia (como el propio propietario del club, o el patrocinador).
Cuando, además, existen varios jugadores con este tipo de cláusulas en sus contratos, pueden generarse conflictos como el que comentamos. Algo que en el fondo no es bueno para el equipo, ni para el ambiente que debe reinar entre sus integrantes. Un corral con muchos gallos.
En este sentido, parece evidente que debe existir una coordinación entre las cláusulas de los contratos de los jugadores de un equipo, el conocimiento por el entrenador de los intereses individuales que está manejando y la interacción entre el área deportiva y el área jurídica, a fin de evitar inconvenientes. Con total transparencia respecto de los derechos de imagen, en el supuesto de gestionarse de manera independiente por el jugador.
Por otra parte, la eficacia de la gestión del equipo exige que los mencionados objetivos individuales, de alcanzarse, siempre estén supeditados a la consecución de los intereses colectivos mediante una variable condicional conforme a la cual los incentivos del jugador se generen únicamente si se producen los generales… de manera que le resulte más rentable lo que perciba por la vía del objetivo colectivo que a través del objetivo individual aislado, apetecible pero siempre en segundo plano.
Javier Rodríguez Ten
Universidad San Jorge
Crowe Horwath
















