La patria chica
Hay una desconexión también en España entre el fútbol aficionado y profesional. Esto en sí no es difícil de entender pues obedece a un fenómeno general. Sin entrar en política, no se me malentienda. A la gente no se le vende el gusto por el fútbol, sino el negocio. “También nos han robado el fútbol”, nos dice Ángel Cappa.
Pero la desconexión sui generis española es entre el fútbol nacional y el local o regional. ¡Produce sarpullidos el término desconexión en el país de las patrias chicas! El laberinto español de Gerald Brenan es un clásico a la hora de explicar desde fuera, pero con conocimiento de primera mano, la guerra civil y por añadidura la tortuosa e inexplicable historia de España.
En su célebre prólogo venía a decir que ese desconocimiento se debía a que los historiadores, «en lugar de considerar la fuerza y los recursos de estos pueblos en su organización provincial y local, han bebido en las fuentes de su historia cortesana».
Pues bien, en la parcela que nos toca, algo de esto apreciamos al analizar el trofeo más antiguo del fútbol español, el Campeonato de España, más conocido como la Copa del Rey, salvo en los agitados años 30 que se llamó Copa del Presidente de la República, y ya en el 39, Torneo Nacional de Fútbol, antes de ser la Copa del Generalísimo hasta 1975. Desde 1976 vuelve a ser la Copa del Rey.
Resulta que en la presente edición, la primera eliminatoria no tuvo ningún eco en la prensa nacional, ni siquiera en la de deportes que suele dedicar unas cuarenta hojas diarias al fútbol, y no solo a los partidos que se juegan (úsese el verbo en todos sus tiempos) incluyendo los aspectos más baladíes de sus actores.
Esta ausencia informativa puede parecernos que se deba a la falta de interés. Sin embargo, no es del todo así. Deparaba derbis como el Talavera-Toledo o el Cartagena-UCAM de Murcia y choques dispares como el Calahorra-Real Unión de Irún, un histórico, o el Leioa-Racing de Santander, otro histórico, en un partido como los de antes donde se impuso el débil, aun terminando con 9, en una tarde lluviosa en extremo, guiño a esos partidos accidentados de hace un siglo. En fin, ningún cronista de la corte reflejó estas gestas locales, que forman parte de la más pura esencia de la competición.
Ahora, llegada la segunda eliminatoria, las televisiones, gracias a la multinacional de Qatar, reproducen una versión anómala de la Liga 1/ 2/ 3, pero nada muestran de la mayoría de los partidos que no corresponde a esa división. Equipos desalojados recientemente de la Liga Profesional como el Elche, Mallorca y Mirandés no existen. Y otros no menos importantes, como el Real Murcia, Hércules, Cartagena, Logroñés, Ponferradina o, con reminiscencias de otra época nada despreciables, como el Ferrol, finalista en el año 1939, Alcoyano, Mérida, Lleida…
España es un país ingobernable, siempre se ha dicho. Y ocurre que esta dificultad se ha visto acentuada, o incluso causada, por el hecho de que Castilla, que por su posición geográfica y por su historia representa la tradición centralizadora, es una meseta desnuda, nos recordaba Brenan.
Está claro, pues, que la estructura de las fuerzas políticas en toda España ha sido determinada en un pasado no remoto por la geografía. En los medios de comunicación, aún en día, prevalece parte de esa misma incomunicación, favorecida por los propios intereses de mercado.
La Copa, como reflejo de lo anterior, resulta en su medida toda una carcajada histórica. Tenemos un torneo adulterado, que no honra a su historia, tal como lo concibe la Federación, que lo viene organizando desde su constitución, que es posterior. Amaestrado a mayor gloria de los equipos de Primera, perdida su emoción pues no cabe eliminarlos a un partido, además, tienen la última palabra, es decir, la vuelta en su estadio. Y, desde luego, los medios tampoco hacen nada para repararlo.

















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