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La marcha de Flick y la piel necesaria para entrenar al Bayern

Rodrigo Zuleta Rodrigo Zuleta Martes, 20 de Abril de 2021
F: FC Bayern (web)F: FC Bayern (web)

De Hitzfeld es una frase según la cual ganar un título en el Bayern más que alegría produce alivio porque "si trabajas aquí y pasas una temporada sin títulos quiere decir que no has cumplido con tu deber".

La marcha inminente de Hansi Flick, tras su segunda temporada al frente del Bayern, es un ejemplo más de lo difícil que es que un entrenador se mantenga durante largo tiempo al frente del club bávaro.

Thomas Müller, uno de los tres capitanes, ha dicho que un entrenador del Bayern necesita una "piel dura" pues cualquier fallo desata duros ataques. Las expectativas son siempre inmensas y los éxitos normalmente se perciben como parte de la normalidad.

Si se revisa la lista de entrenadores que han pasado por el banquillo del club bávaro en este siglo solo dos, Ottmar Hitzfeld y Pep Guardiola, han estado más de dos temporadas.

Hitzfeld estuvo seis -entre 1998 y 2004- en las que ganó cuatro veces la Bundesliga y una vez la Liga de Campeones. Se marchó, según contaría años más tarde, con síndrome de burnout y para someterse a un tratamiento psiquiátrico.

De Hitzfeld es una frase según la cual ganar un título en el Bayern más que alegría produce alivio porque "si trabajas aquí y pasas una temporada sin títulos quiere decir que no has cumplido con tu deber".

Guardiola, entre 2013 y 2016, ganó tres veces la Bundesliga y dos veces la Copa de Alemania y luego no quiso renovar para irse al Manchester City.

Cuando Guardiola llegó al club el Bayern acababa de ganar el triplete con Jupp Heynckes y el presidente del Consejo Directivo, Karlheinz Rummenigge, trató de quitarle presión al decir que la obligación era ganar la Bundesliga ya que los otros títulos son difíciles o imposibles de planificar.

Guardiola, sin embargo, veía el rasero más alto y dijo varias veces que en Múnich solo vale el triplete. Él también lo había ganado antes con el Barcelona y tanto él como otros muchos esperaban una Liga de Campeones que no llegó.

Además de la presión por lograr éxitos otro aspecto que hace difícil el trabajo de un entrenador en el Bayern es el papel que tienen la cúpula y la dirección deportiva así como el poder de los líderes del vestuario.

Al entrenador se le exige el éxito a corto plazo. La cúpula, en cambio, piensa en el largo plazo. Los dos objetivos en ocasiones pueden ir uno en contra del otro y el entrenador termina o bien pagando los platos rotos o bien agotado por la presión.

Felix Magath, campeón en sus dos primeras temporadas, tuvo que ver como Rummenigge le retiraba la oferta de renovación, entre aplausos de la asamblea de socios, a Michael Ballack y como no se fichaba a nadie que compensase su marcha.

En la temporada siguiente el Bayern se quedó por fuera de la Liga de Campeones. Magath no terminó la temporada. Jürgen Klinsmann ni siquiera acabó la primera.

Carlo Ancelotti fue destituido en su segunda campaña tras una goleada encajada ante el PSG (3-0) y en medio de problemas con parte del vestuario. Niko Kovac tuvo que irse también en su segunda temporada tras caer por 5-1 ante el Eintracht y fue relevado por Flick quien, con la misma plantilla, ganó todo lo que se podía ganar.

Se dice que Flick ya se había planteado dejar al Bayern en verano pasado, tras lograr el triplete. La marcha de Thiago Alcántara, que había pedido irse a falta de un año para que acabase su contrato, y de Ivan Perisic y Philipp Coutinho, que estaban cedidos y el Bayern no quiso hacer uso de la opción de compra, no iban a ser compensadas con jugadores del mismo calibre y él lo sabía.

El problema para la cúpula es que Coutinho y Perisic no eran titulares y entonces lo que tenía que buscar era suplentes de lujo.

El último conflicto con la cúpula tuvo que ver con la renovación de Jerome Boateng para la próxima temporada. A largo plazo, la decisión se entiende, Boateng es un jugador de 32 años y el club ha apostado por Dayot Upamecano para esa posición.

A corto plazo el anuncio, justo antes del partido de ida contra el PSG, era generar intranquilidad y para Flick Boateng había sido un jugador clave en las dos temporadas.

La salida de Flick se produce en medio de la fase más exitosa de la historia del Bayern que nunca antes había ganado ocho veces seguidas la Bundesliga. El récord antes de que comenzara esta serie eran tres y el Bayern va ahora hacia el noveno título consecutivo, si el camino no se tuerce en las últimas jornadas.

El que llegue tendrá que administrar un club acostumbrado al éxito en las competiciones locales y con ansia de volver a tener éxito internacionalmente. No lo tendrá fácil.

 

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