
No se conoció la declaración jurada donde supuestamente los cuatro jugadores argentinos debían declarar donde estuvieron hacia catorce días, yo solo pude ver la que me acerco un colega brasileño donde remitía ciudad de partida (Caracas) y ciudad de llegada (San Pablo).
El partido se estaba ya jugando con ocho minutos de despliegue, con saludos entre jugadores árbitros previo al inicio y de repente se frustro todo.
El clásico del futbol sudamericano más importante y uno de los clásicos más importantes del futbol mundial suspendido y paralizado por un accionar administrativo de las autoridades de San Pablo aduciendo que debían detener a cuatro jugadores argentinos que según los integrantes de sanidad paulista habían violado una alerta por falsear una declaración jurada y no mencionar que venían del Reino Unido, lugar del cual cualquier sujeto proveniente de allí tiene la entrada prohibida sin una cuarentena previa.
Lo primero que se me viene a la mente es como hace un par de meses atrás un fallo del órgano jurisdiccional brasileño más alto faltando tres días para el inicio de la Copa América que se adjudicara Argentina venciendo al país anfitrión, dictaminara autorizando que se podía jugar dicho evento, basándose en el argumento genuino que si se podía jugar las eliminatorias aceptando la ley de sanidad FIFA con los cuidados indicados en burbujas porque no se podría jugar la Copa América. Y así se dio luz verde para el desarrollo de ese emocionante torneo tras la posición negativa de gran parte del pueblo brasileño que había sufrido muchos contagios y pérdidas de vidas por el virus maldito mundialmente conocido.
No se conoció la declaración jurada donde supuestamente los cuatro jugadores argentinos debían declarar donde estuvieron hacia catorce días, yo solo pude ver la que me acerco un colega brasileño donde remitía ciudad de partida (Caracas) y ciudad de llegada (San Pablo).
En el supuesto caso que no se advirtiera por negligencia administrativa brasileña o de la delegación argentina, el equipo último campeón de América ingreso a Brasil y dentro de su burbuja los cuatro atletas cuestionados mantuvieron contacto estrecho con sus compañeros, lo que el problema ya no debieran ser solo esos cuatro jugadores que juegan en el Reino Unido sino toda la delegación argentina.
En conclusión, no debiera el gobierno brasileño haber pedido la suspensión del encuentro, ¿deportar a la delegación argentina a su país de acuerdo a lo que su estricta alerta le indicaba?
Por qué esperaron las autoridades brasileñas ir al momento del juego a suspenderlo ante las cámaras que mostraban el partido al mundo entero y querer detener a los cuatro jugadores argentinos que ya permanecían desde hace cuatro días en tierras brasileñas. ¿No podían haberlo hecho en la puerta del Hotel donde se alojaba el plantel argentino o bien detener el bus en el trayecto?
No se percataron que esperar tanto tiempo permitió que sus propios jugadores ahora también se convirtieran en sujetos de riesgo luego que se saludaran con sus pares argentinos y el futbol ya haya rodado durante ocho minutos, todo claro respetando su propia normativa.
Pregunto dónde está la negligencia, o si ya permitieron ese paso del tiempo, la infracción supuesta no quedó en abstracto.
Como se resolverá esta cuestión, que decidirá el comité disciplinario de FIFA o el TAS en caso de alguna apelación.
Me encantaría que nadie gane los puntos en los despachos de los jueces, invocando el principio de pro competición y porque creo que un Brasil Argentina es lindo verlo jugar donde sea.
Claro está que deberá haber una sanción al responsable de semejante bochorno ante el mundo entero y de sucesivas negligencias que se suscitaron para que el partido se haya suspendido por motivos ajenos a los actores principales del espectáculo deportivo.
Esto motiva aún más el interés de nuestra ciencia jurídica deportiva, de su independencia en cuanto a su normativa ser más respetada y reconocida en el ámbito de los estados y al planteo de creación de tribunales que deban cada vez ser más en el mundo deportivo.
El deporte como DDHH se merece el respeto que hoy el más grande de los deportes no lo tuvo. Y ello debe ser advertido.
El futbol como sus organizadores y ambos seleccionados en la persona de sus entrenadores y jugadores no se merecen realizar semejantes esfuerzos para sucesos como el que se vivió hoy en San Pablo.
Por ellos y por todos los que amamos el futbol y el Derecho esperemos que no se vuelva a repetir.

















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