El periodista y el presidente
F. Eleconomista.esAquí damos por reproducidas todas las manifestaciones y comentarios al affaire de los audios para centrarnos precisamente en su legalidad y en el debate en torno al uso periodístico de este tipo de fuentes y a la procedencia de su divulgación.
Los videos de Florentino nos depararon una semana insuperable, con ribetes de humor ni al alcance de ese tocayo suyo cuyo perfil cómico por lo visto ha caducado. Por mucho en cambio que haya sonado el silencio de los afectados y en gran parte de los medios, incluso de aquellos más propensos al circo que a la información, pero en esta ocasión han pretendido dar clases de deontología profesional cuando venden la voz de su amo, como aquellos gramófonos de hará un siglo, y en este notorio caso, el silencio de su amo.
Aquí damos por reproducidas todas las manifestaciones y comentarios al affaire de los audios para centrarnos precisamente en su legalidad y en el debate en torno al uso periodístico de este tipo de fuentes y a la procedencia de su divulgación.
El Confidencial decidió publicar los audios del presidente del Real Madrid, datados en fechas que se remontan a 2006 y que se extienden hasta 2012.
Según manifestaron desde la entidad merengue, esos videos ya se intentaron vender -pero antes del 2012-. No sabemos a quienes se ofreció, tampoco exactamente cuáles fueron los verdaderos motivos de su rechazo. Lo que importa ahora es que el digital receptor los ha publicado por las siguientes razones:
- por la calidad pública del sujeto (F. Pérez).
- por el interés informativo de sus contenidos (en cuanto a los socios del Real Madrid y dada la relevancia del personaje, al manejo mafioso de los medios, incluso públicos, del que presume en esas conversaciones. Es indiferente que en el sector de la prensa dichos manejos fueran conocidos y que no difieran del que gozan otros amos de este maravilloso país. De donde la prueba de tales prácticas, sin duda, tiene rango de primer orden, sin entrar en este momento en la ética de su obtención).
También hay que tener en cuenta que El Confidencial no ha difundido la totalidad de los videos, que podrían haber dado para uno de los mejores culebrones del verano que se recuerden, y esto se debe a:
-que parte de estas conversaciones privadas carecían de interés informativo, bien por su objeto o porque los aludidos no tenían ni la actualidad ni el protagonismo de los publicados.
-que se veían afectados en su privacidad, familiares y terceros ajenos al mundillo del fútbol.
Esta última eventualidad sin duda fue tenida en cuenta por los asesores jurídicos del medio pues entrañaba el riesgo de posibles demandas de aquellos por afectar a su honor e intimidad, derechos fundamentales que gozan en nuestro ordenamiento de la máxima protección.
La portavocía del club blanco, no en cambio su presidente que parece haberse quedado mudo después de tanta diarrea verbal de sobremesa, sí que anunció que tomarían todas las medidas legales a su alcance, pero a día de hoy no ha emprendido ninguna acción y es dudoso que lo haga más allá de su vacía manifestación. Como es conocida la doctrina del Tribunal Constitucional, sólo está vedada la divulgación de conversaciones por un tercero no participante en las mismas. Defraudar la confianza y la confidencialidad -¡aun siendo periodistas los receptores!- puede ser deplorable a causa del supuesto título de amistad con que se brindan, si bien dada la profusión de las vertidas por el presidente a lo largo del tiempo y la heterogeneidad de los comensales, más parece un ejercicio de poder con el cinturón desabrochado, a sabiendas del silencio servil de sus destinatarios.
Por tanto, pasamos al debate deontológico de la difusión. Hay ya todo un clásico sobre este tipo de asuntos, como lo es el libro de Janet Malcolm “El periodista y el asesino”. En esta obra la sagaz crítica da todo un curso de Teoría y Práctica del Periodismo. Ya lo hace en la forma en que introduce a uno de los protagonistas del libro, el célebre periodista Joe McGinnis del que hemos hablado alguna vez tangencialmente aprovechando sus entradas en el ámbito deportivo y ahora la actualidad nos ofrece una forma de acercarnos a su personalidad. Es decir, en este debate debemos juzgar al periodista para valorar la procedencia de su trabajo, en la otra parte de la balanza estará su objeto, las confesiones que vierta sobre el personaje de su investigación. Pues bien, desde mi retiro veraniego, me he relamido con esta presentación del periodista, que además está tomada de un libro del propio McGinnis, “Héroes”. Merece una cita extensa:
Me desperté a las diez y media, si no todavía ebrio aún no del todo sobrio. La mañana era sombría y húmeda. Styron continuaba durmiendo. Bajé a la cocina en busca de algo que comer. Abrí la nevera. Lo primero que vi fue la lata de cangrejo de mar fresco, envasado al vacío, que había sido enviada desde Georgia. La noche anterior Styron me había hablado de ese cangrejo de mar con algunos detalles. Me había dicho que era el único cangrejo enlatado de los Estados Unidos que tenía el gusto del cangrejo fresco. Eso se debía a su envase al vacío, según me explicó. Era un artículo muy costoso y extremadamente difícil de obtener; además era uno de sus manjares favoritos. Había estado guardando esa lata para una ocasión especial porque era la última que podría conseguir hasta el verano siguiente.
Abrí la lata, que hizo una especie de silbido como cuando se abre una lata de cacahuetes o de pelotas de tenis. Probé un poco, estaba delicioso. Me dirigí rápidamente a la despensa y tomé un poco de harina, luego saqué salsa Tabasco y salsa Worcestershire. Luego tomé unos huevos, leche, crema, manteca y pimienta de la nevera. Amasé unas migas de pan. Tenía que trabajar rápidamente, antes que Styron se despertara. Durante veinte minutos estuve mezclando, batiendo, vertiendo una cosa y otra. Luego lo puse todo dentro del horno. Aquello sería pastel de cangrejo de mar, una receta original. Sería delicioso. ¿Cómo podría salir mal? A todo esto había usado toda la lata de cangrejo.
Luego sabemos, nos desvela la docta ensayista, que Styron aparece en bata y cuando se entera de lo que ha hecho McGinnis se muestra incrédulo, ofendido. Y añade: “El final de la historia es feliz -Styron recobra su buen humor y amabilidad cuando come el pastel de cangrejo que encuentra delicioso- y cojo. Pues lo que el incidente indica, lo que está por debajo de su superficie, es el terrible tema del robo prometeico, de la transgresión cometida al servicio de la creatividad, del robo como fundamento del hacer. Sí, un entrevistado puede ocasionalmente conceder a regañadientes que lo que han escrito sobre él no es malo, pero esto no hace que el autor sea por eso menos ladrón. El raro y suculento cangrejo de mar envasado, sellado, refrigerado, celosamente guardado es como la frágil esencia de una persona de la que se apodera el periodista para convertirla en un horrible comistrajo de su propia cosecha mientras el sujeto de la entrevista duerme. Ese cangrejo tiene un gusto muy delicado gimotea el pobre Styron al enterarse de que McGinnis lo ha mezclado con migas de pan crema batida y salsa tabasco.”
Desde luego, habría que fusilar a estos yanquis por poner salsas a todo, pero aun siendo importante la cuestión culinaria, retomaremos el debate.
Hasta ahora como decía al principio, había usado uno de los libros de McGinnis (la epopeya del Castel di Sangro, que llegó hasta la Serie B italiana desde la rusticidad de un villorrio en medio de los Apeninos) para aprovechar sus conocimientos desde dentro sobre la corrupción deportiva. Ese repetido modus operandi del periodista en su día le costó una grave reparación, que constituye la materia del libro citado, “El periodista y el asesino”. McGinnis no guardaba la distancia debida con el protagonista, ya desde su primer best-seller “Cómo se vende un presidente”, referido a la campaña electoral de Nixon en la que resultó ganador, él denunció los tejemanejes de la campaña valiéndose de haber formado parte del equipo presidencial. En Italia, el equipo repite el milagro de permanecer ”El milagro de Castel di Sangro” es el título de la obra de McGinnis, pero tal vez se refiere a esta segunda parte de la proeza con ironía, ya que abandonó Italia decepcionado por la falta de fair play deportivo (gracias a lo cual salvó el equipo la categoría) ¡cuando minutos antes era el primer forofo junto al presidente (del que tampoco puede ignorar que es un poderoso capo regional).
En conclusión, en esta fábula real cabe poner el foco tanto en el periodista como en la otra parte que se apresta a los fines de aquel.
Lo que da al periodismo su autenticidad y su vitalidad es la tensión que hay entre la ciega entrega de la persona entrevistada y el escepticismo del periodista. Los periodistas que se tragan por entero la versión de las personas entrevistadas y la publican son no periodistas sino publicistas, que tanto abundan.
Afortunadamente para los lectores y los autores, la naturaleza humana garantiza que nunca habrán de faltar personas dispuestas a ser tema de los autores. Como manifiesta Janet Malcom, las personas que son objeto de tratamiento periodístico saben demasiado bien lo que les aguarda cuándo terminan los días de vino y rosas, es decir, los días de las entrevistas y aún asienten cuando un periodista solicita entrevistarlos. Pero se quedan pasmados cuando ven el relucir del puñal.
Lo increíble del affaire de los audios es que el presidente del club más laureado del mundo y de ACS, que se mueve entre los tiburones empresariales al mismo nivel, no cayera en la cuenta de que podía estar siendo grabado y no solo una vez. Desde su dilatada trayectoria profesional, Relaño, además afectado protagónico de los audios, nos dicta una lección de autoridad, que en síntesis, voy a reproducir:
"Entendí que me estaba grabando y suspendí cortésmente los encuentros. A Florentino sí le grabó algún tiempo antes. Estaban entonces a partir un piñón porque Abellán persiguió encarnizadamente a Calderón, cuya caída abrió las puertas de par en par al regreso de Florentino. Con ese material hizo un libro sin impacto porque la mejor manera de guardar un secreto en España es ponerlo en un libro, pero ahora aquello truena desde El Confidencial y Florentino se presenta como víctima de una maniobra contra la Superliga. Me parece forzado. Más bien es víctima de sus amistades del pasado. Es el ‘pásado’ que vuelve, como cantó Gardel".
En consecuencia, juzguen ustedes mismos. Forma parte del debate sobre los límites éticos del periodismo. En su oficio cada periodista debe modular la distancia respecto de sus fuentes. De ahí a veces tanta información parcial y reprobable, pero si esta se vuelve contra sus coyunturales y poderosos aliados, no deben espantarse los presidentes de turno, salvo que su prepotencia les gaste estos disgustillos.

























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.28