Brevísima relación (sobre la corrupción)
Ángel María Villar tiene en algún cajón de la Federación Española de Fútbol una nueva citación de los juzgados. Prevaricación, malversación de fondos públicos y apropiación indebida.
En sus cerca de 30 años de mandato ininterrumpido, desde luego, que no es la primera denuncia que conoce. Al poco del Mundial de Corea y Japón, los peritos detectaron que la facturación de viajes privados de los empleados y familiares de la Federación Española "era caótica y su contabilidad defectuosa", pero el juez que llevó la instrucción terminó 7 años después por archivar el caso.
Se apoyaba en el informe del Tribunal de Cuentas sobre los ejercicios de 2000 y 2002 de la RFEF, que señalaba la existencia "únicamente de irregularidades formales no significativas, sin que constituyan apropiación, desviación o incumplimiento de las condiciones o alteración de las mismas".
La investigación solo acreditaba "retrasos en devoluciones, contratos que pudieron ser mejorables, irregularidades formales en las gestiones de las subvenciones no delictivas y pésima gestión en contabilidad de viajes, dietas y compra de divisa extranjera, incrementos patrimoniales de los imputados que no derivan de fondos de la Federación o de comisiones que contrataron con la misma", circunstancias por las que el juez sobreseyó la causa.
Ahora, la indebida justificación del dinero de una subvención de 1,2 millones de euros, ya ha supuesto que la Federación los devolviera al erario en enero, más 300.000 euros de intereses.
Pero de esa cantidad, apenas justificó debidamente 100.000 euros.
En el auto de imputación, que IUSPORT puntualmente ofreció a sus lectores, el juez instructor asegura –en referencia a proyecto destinado a Haití, para ayudar a las víctimas del terremoto que asoló al país caribeño- que la escuela no se construyó, ni tampoco se formó a técnicos locales, ni se acreditó el “envío del material necesario para que comenzara a funcionar dicha escuela, tales como equipaciones, balones, porterías, medicinas, alimentos y material escolar”.
Los de abajo, es un decir eso de abajo, no son todos los nombres, tan solo una brevísima relación de esa mancha que recorre España. La injusticia en las llamadas Indias de la Corona, propició la indignación del dominico Bartolomé de las Casas y su archiconocida “relación brevísima de la destrucción de las Indias”.
En España hay miles de imputados por corrupción, cientos de condenados, pero solo 87 están presos. Se trata de gente “cabal” que cumple con sus numerosos procesos pendientes, que no rehúye sus condenas, mientras no las firme el Supremo. Sánchez-Ostiz, jurista de formación, y acreditado novelista, aun le pese tanto a la España rancia como a la cortesana, se indigna en su dietario y en las tribunas donde le dejan.
A veces, parece que desbarra, pero lo hace muy a propósito: nos piden mesura, razón... cuando ellos (los políticos y chorizos) no respetan nada, se lo llevan sin miramientos y con total impunidad. Con todo esto, nos viene a recordar que son lo que se dice unos hijos de puta, con perdón para las putas.
Por tanto, solo podemos acordarnos de ellos y no de sus madres que no tienen ninguna culpa: Álvaro Lapuerta, Ángel Acebes, Ángel Sanchís, Luis Bárcenas, Rodrigo Rato, Jaume Matas, Francisco Valido, José Manuel Molina, Marcos Martínez, Álvaro Pérez, alias el Bigotes, Antonio Botella, Carlos Fabra, Enrique Ortiz, Milagrosa Martínez, Ricardo Costa, Sonia Castedo, Vicente Rambla, José Luis Baltar, Francisco Granados, Ginés López Rguez, José Galeote, Daniel Conesa, Juan José Imbroda, Antonio Lamela, Gaspar Zarrías, José Antonio Griñán, Magdalena Álvarez, Manuel Chaves, Luis Gª Sánchez, alias Luigi, Félix Millet, Jordi Pujol Ferrusola, Jordi Pujol Soley, Lluís Prenafeta, Macià Alavedra, Marta Ferrusola, Oleguer Pujol Ferrusola, Oriol Pujol Ferrusola, Miguel Blesa Parra, Juan Miguel Villar Mir, Luis del Rivero, Gerardo Díaz Ferrán, Josep Lluís Núñez, Narcís Serra, Cristina de Borbón, Iñaki Urdangarín, Miguel Zerolo, Julián Muñoz, José María del Nido, Francisco Camps, Víctor Campos, Rafael Betoret y mil investigados más. ¡Qué caloret!!! Que ardan ya las fallas.

















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