D10S, el Pibe de Oro, El 10…
D10S, el Pibe de Oro, El 10… Sobran los pseudónimos o apelativos para definir a Maradona, uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo -para muchos, el mejor-. Le dijeron que era Dios, y se lo creyó. Tocó el cielo pero terminó en el infierno. Su vida está llena de contrastes extremos, se le ama y se le odia, se le idolatra y se le desprecia, tanto dentro como fuera del campo, lo cierto es que nunca pasa desapercibido.
Esta semana ha sido noticia en nuestro país. Y no solo por su visita al palco del Real Madrid para asistir al encuentro de octavos de ida de final de Champions League entre el Real Madrid y el Nápoles, sino por los episodios de violencia que ha protagonizado y a los que, lamentablemente, nos tiene acostumbrados. Con estas muestras de violencia Maradona demuestra es que está lejos de ser un ejemplo de nada para nadie a pesar de que sus éxitos, muchos y muy importantes, se maximizan, mientras que sus errores, que no son pocos ni banales, son minimizados.
Solo Maradona es capaz de ejercer de embajador del “No a las drogas” después de su polémica relación con estas sustancias o de protagonizar una agresión en el partido por la Paz que, aunque suene a chiste malo, es una triste realidad. Y es que su talento como futbolista ha sido tan grande que ha conseguido iluminar todas sus sombras. Aun así, para ser un gran deportista no vale solo con ganar sino que hay que saber cómo ganar y cómo comportarse no solo dentro sino también fuera del terreno de juego.
Por esto mismo, no deja de sorprender cómo, por mucho que haya sido dentro del campo un deportista excepcional, ha ejercido como Embajador de Unicef y acaba de ser nombrado embajador de la FIFA y Capitán del Equipo de Leyendas que promueve la paz y la unidad. Y digo que sorprende porque con su repugnante comportamiento extradeportivo el mítico ’10’ enturbia y contamina la promoción de dichos valores.
En el deporte en general, y en el fútbol, en particular, en más ocasiones de las deseadas parece que los resultados y otros beneficios como el dinero, el éxito y la fama son excusas válidas para hacer cualquier cosa. Inevitablemente, ignorar el método utilizado para lograr buenos resultados provoca la mercantilización del deporte, y se cae en el error de vender éste como un instrumento que ayuda a conseguir objetivos, éxitos, fama, etc., en lugar de como una escuela de vida que aporta valores que ayudan a crecer como persona de forma noble y ética.
Teniendo la posibilidad que pocos tienen para escribir con letras de oro su historia, forjarse un nombre como una leyenda y legar ese patrimonio al deporte mundial y a las futuras generaciones, Maradona eligió otro camino y ha terminado moldeando un ídolo con pies de barro.
Pero el problema es que detrás de cada uno de sus insultos, de cada agresión, de cada conducta ilícita y ajena a toda ética, lejos de encontrar la reprobación de los aficionados y/o de las altas instancias del fútbol mundial, sigue siendo endiosado de una manera que raya, muchas veces, en lo obsceno. Y entonces te preguntas… ¿qué otra cosa podemos esperar?

















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