La impronta de Méndez de Vigo ya se hace notar
El ministro Méndez de Vigo está demostrando unas capacidades políticas que no abundan en la actualidad, también en el deporte.
Para empezar, consiguió una tregua con los múltiples sectores educativos, sindicales y políticos en torno a las pruebas selectivas, aunque el asunto sigue sin resolverse definitivamente.
Repitió como ministro después de la época convulsa que protagonizó José Ignacio Wert en el ámbito educativo, pero también en el cultural y en el deportivo. No se olviden del IVA que tanto daño hizo a la cultura, o el eterno conflicto que su Ministerio (el de Wert y Cardenal) mantenía con la RFEF, sin visos de mejoría. Esto explica la salida de Miguel Cardenal.
Acto seguido se hace acompañar en el CSD de una persona con estela de equilibrada y poco dada a la estridencia, José Ramón Lete.
Y para que quede claro que no va a ser un ministro jarrón en el deporte, coge el toro por los cuernos y da la cara en el Congreso de los Diputados, donde contestó a todas las cuestiones.
Nadie pretende que un ministro acierte en todos sus planteamientos. Lo que se pide, y este ministro sí lo cumple, es que se dé la cara y se responda a los diversos asuntos nucleares que son de su competencia, en nuestro caso el deporte.
En su comparecencia parlamentaria de este miércoles, Méndez de Vigo habrá cosechado adeptos y detractores, pero nadie le podrá tachar -salvo por puro juego político- de indocumentado.
El renovado ministro abordó todos los asuntos sin rehuir ninguno con la entereza intelectual que debe exigirse a un titular de las más altas instancias de un Estado.
Por algo Rajoy le encomendó a Méndez de Vigo la portavocía del Gobierno. Ahí es nada.
Íñigo Méndez de Vigo tiene sobre sus espaldas una carga que no le desearía yo ni al mayor de mis enemigos: el área educativa, que ya de por sí debería absorber todo su tiempo; la cultural, que da satisfacciones pero que tampoco está exenta de conflictos (ya ha habido una mejora fiscal); la deportiva, que es "la cosa más importante de las cosas menos importantes" (José Carlos Mauricio), pero que le proporciona una visibilidad que ya quisieran para sí los otros miembros del Gobierno (salvo Soraya, claro).
Y por si lo anterior fuera poco, ahora es, además, el portavoz del Gobierno. Esto requiere imbuirse de la totalidad de los asuntos importantes que pasan por el consejo de ministros, pues será él el que deberá afrontar ante los medios las explicaciones de los acuerdos adoptados. Y claro, no es lo mismo saber de qué se habla a lo contrario.
En fin, que se avecina un cambio claro en la política deportiva, donde al menos se intentará el consenso. Ya veremos si esto es de verdad o resulta que era solo una pose.






















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