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El caso Goijman asoma en la antesala del 35° Congreso de la FIVB en Buenos Aires

Daniel Roberto Viola Daniel Roberto Viola Martes, 04 de Octubre de 2016

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En mayo de 2015, cuando se conoció la noticia que la policía suiza había irrumpido en el hotel Baur au Lac de Zurich tras la pista del dinero sucio del fútbol internacional, Mario Goijman, ex presidente de la Federación Argentina de Voley (FAV), se ilusionó con alguna ayuda mediática que lo ayudara a superar su propia bancarrota tras haber denunciado a las autoridades de la Federación Internacional de Voley de falsificar los balances de la entidad. 

 

"Se está destapando todo, Mario -le escribían por Whatsapp y Facebook los pocos amigos que le quedaron a Mario Goijman, expresidente de la Federación Argentina de Voley (FAV)-, y seguro que después del fútbol van por otros deportes y se hace justicia con vos".


"Yo les respondía que no se equivocaran, que esto había sido en Suiza, pero por pedido de la justicia estadounidense. Los suizos son corporativistas; si depende de ellos, nunca van a hacer algo así con las federaciones que funcionan ahí, y menos en algo de menor impacto como el voley", dice Goijman al diario  LA NACION.

 

"Hoy verdaderamente siento asco por el deporte que fue mi vida, porque casi todo el mundo del voley ha sido cómplice", dice, escoltado unas pocas cajas y canastos apilados después que la justicia argentina le rematara los muebles y la casa en el Club de Campo Hacoaj. "Yo me había hecho esa casa pensando que me iba morir ahí", agrega. De sus años de empresario y dirigente exitoso quedan apenas unos biblioratos que han perdido el color y las etiquetas, viejos CPU y armarios vencidos por el peso de actas judiciales en cuatro idiomas. "Hace poco -cuenta entre ataques de tos- vinieron de la televisión alemana para filmar cómo vivo en esta choza, y cómo era mi vida antes. No lo podían creer".


Goijman fue el impulsor y garante con su propio patrimonio del Campeonato Mundial de Voleibol Masculino que se disputó en Argentina entre septiembre y octubre de 2002. Pocos meses antes, Argentina se vio sumergida en una profunda crisis económica-financiera que culminó con la incautación de los depósitos privados en el sistema bancario. 

 

Por esa época, el poderoso presidente de la FIVB, el mexicano Rubén Acosta, le había recomendado al dirigente argentino que renunciara a ser sede mundialista, pero Goijman, un próspero empresario farmacéutico, puso medio millón de dólares y después avaló un préstamo de U$S 300 mil colocando su casa como garantía. El Mundial se llevó a cabo finalmente en Argentina y fue un éxito, pero a la hora de depositar el dinero que correspondía a los organizadores, la FIVB se negó a hacerlo. En ese momento comenzó la ruina personal y patrimonial que llevó a Goijman a la quiebra. 


Casi 15 años después, distanciado de su familia y de sus amigos, Goijman mantiene en pie su reclamo de recuperar el dinero invertido en ese Campeonato Mundial, a punto de ser desalojado nuevamente de una humilde vivienda de dos ambientes, pero aún así sostiene que jugará su última carta a la espera de una reivindicación:  "Voy a ir al Hilton", apunta aludiendo al hotel donde las máximas autoridades del voleibol mundial participarán desde hoy en el Congreso Mundial de la FIVB, cuando será reelegido como presidente el brasileño Ary Graça. "No sé si me dejarán entrar, pero voy a ir igual. En un congreso que se hizo en Portugal pusieron mi foto en los ascensores como si fuera un asesino suelto".

 

"Gasté un millón de dólares en abogados -dice-. Viajé 40 veces a Lausana, y se destaparon muchas cosas". La justicia helvética confirmó la existencia de balances falsificados en la FIVB, que provocaron la renuncia de Acosta, dueño supremo del voleibol internacional durante un cuarto de siglo, aunque el reclamo económico de Goijman nunca prosperó.


"Perdí mi familia, mi casa, me bajaron del auto una madrugada volviendo a Tigre porque tenía pedido de secuestro por un provedor que puso carteles en el mundial. Y la gente que me apoyaba se fue borrando. Me dicen `Mario, contame, pero no me metas más'. Es que a lo sumo tienen el problema moral, pero no el patrimonial que yo tuve. Comparten lo que escribo en Facebook, pero yo me quedé solo con mis dos perros", concluyó sumido en la tristeza quien hipotecó su futuro por un mundial de voleibol sin recibir ningún tipo de ayuda, ni siquiera del gobierno de su país.

 

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