@getafeCFJosé Bordalás y Ángel Torres mantienen una relación de amor y desencuentros que se ha prolongado durante la última década en el Getafe. La última gran crisis, surgida tras la goleada ante el Lugano, amenaza con abrir una nueva grieta entre el entrenador y su presidente.
Bordalás, después de la dura derrota, aseguró sentirse engañado por las promesas incumplidas en la confección de una plantilla que considera insuficiente. Su presidente respondió con una contundencia inusual recordando que el técnico firmó voluntariamente su contrato y que tiene la puerta abierta. El primer encontronazo de esta larga historia data de septiembre de 2020, cuando el técnico reclamó refuerzos y Torres le dedicó una de sus primeras reprimendas.
Aquel episodio fue solo el comienzo de una relación marcada por los constantes reproches públicos y las posteriores reconciliaciones entre ambos dirigentes. En febrero de 2021, el enfrentamiento adquirió mayor profundidad cuando el entrenador lamentó la falta de respaldo institucional a su jugador Djené. Aquella temporada terminó con la salida de Bordalás rumbo al Valencia después de cinco campañas inolvidables en el club azulón.
La separación temporal finalizó en abril de 2023, cuando Torres recurrió nuevamente al técnico alicantino para lograr una permanencia agónica. Bordalás aceptó el desafío impulsado por una cuestión que iba mucho más allá de lo estrictamente deportivo y profesional. Sin embargo, las discrepancias sobre la planificación deportiva volvieron a quedar expuestas en noviembre de 2024 debido a las peticiones de fichajes.
En aquella ocasión, el presidente respondió con una célebre frase que resumía su particular manera de gestionar las exigencias de su entrenador. Meses después, en junio de 2025, Torres volvió a exhibir complicidad afirmando que le conoce exactamente como si lo hubiera parido deportivamente. Ni siquiera los rumores sobre el Crystal Palace lograron romper una alianza fundamentada en la confianza mutua y el trabajo diario.
En enero de 2026, el técnico volvió a mostrar su hartazgo por la escasez de efectivos disponibles antes de recibir cuatro nuevas incorporaciones invernales. Este último desencuentro presenta matices diferentes porque el entrenador ha denunciado públicamente promesas incumplidas y ha cuestionado el rendimiento de su plantilla. Torres, convencido de tener uno de los mejores equipos, le ha pedido respeto hacia sus propios jugadores y ha defendido su gestión.
Diez años después de iniciar su camino juntos, ambos han demostrado una gran capacidad para discutir y superar sus diferencias históricas. Ahora falta por comprobar si esta vez el amor vuelve a imponerse definitivamente a los nuevos desencuentros generados en este tramo de la temporada.




















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