Miércoles, 07 de Octubre de 2026

Actualizada Miércoles, 07 de Octubre de 2026 a las 01:38:57 horas

Antonio Aguiar
Antonio Aguiar Miércoles, 07 de Octubre de 2026

Cristiano Ronaldo o cuando el ego te devora

F. ShutterstockF. Shutterstock

Cristiano Ronaldo ha vuelto a demostrar que su mayor rival no está sobre el terreno de juego. Está dentro de él mismo.


El futbolista que durante dos décadas convirtió su extraordinaria ambición en una virtud parece haber cruzado una línea en la que la confianza en uno mismo empieza a confundirse con narcisismo, egocentrismo y una desmedida percepción de la propia importancia.


Su último comunicado, lejos de cerrar la polémica con el seleccionador, la agranda. Cristiano se siente agraviado porque Jorge Jesus le prometió —según su versión— disputar treinta minutos ante Noruega y finalmente no lo hizo. Es perfectamente legítimo que un futbolista se sienta decepcionado por una promesa incumplida.


Lo que resulta llamativo es la dimensión que Cristiano concede al episodio y, sobre todo, la manera en que se coloca a sí mismo en el centro absoluto de la historia.


No basta con explicar que calentó durante media hora. Hay que recordar que se trata de una decisión técnica. El seleccionador puede equivocarse, puede cambiar de opinión, puede interpretar de otra manera las necesidades del partido o incluso incumplir una promesa. Pero sigue siendo el seleccionador. Y Cristiano, por mucho que haya sido el futbolista más importante de la historia reciente de Portugal, no está por encima del entrenador ni de la selección.


El problema aparece con especial claridad cuando el propio comunicado reproduce las frases que, según Cristiano, Jorge Jesus debía pronunciar en rueda de prensa. No eran suficientes unas disculpas. Había que dejar constancia pública de que Cristiano había sido «ejemplar, leal y profesional», de que ama a la selección, de su peso durante 24 años y, sobre todo, de que es comparable a Pelé o Maradona.
Ahí está probablemente la clave de todo.


Cristiano no acepta ser tratado como uno más. Pero precisamente ahí reside la contradicción.


Si acepta que el seleccionador tiene la última palabra, ¿por qué necesita que este reconozca públicamente su condición de leyenda para considerar reparada la situación?

Y hay algo todavía más significativo: Cristiano asegura que abandonó la concentración porque sintió que su permanencia podía perjudicar al grupo.
 

Sin embargo, abandonar una concentración en plena competición internacional no es precisamente una decisión que priorice al grupo. Es una decisión individual, tomada en función de cómo él se sintió tratado.

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Cuando un futbolista empieza a necesitar que todo el mundo recuerde quién es, quizá el problema no sea que los demás lo hayan olvidado.

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