La posible alianza NBA-Euroliga o la vía lenta para rescatar en un futuro la Superliga
Fotomontaje de IUSPORTHay proyectos que desaparecen durante un tiempo, pero no necesariamente mueren. La Superliga europea de fútbol fracasó en su primer intento de implantación, pero la idea de construir grandes competiciones continentales con un número reducido de clubes y al margen de los modelos tradicionales parece lejos de haber sido abandonada.
Ahora el movimiento se produce en otro deporte. La NBA negocia su posible entrada en el baloncesto europeo y los grandes clubes de fútbol que cuentan con equipos de baloncesto están llamados a desempeñar un papel protagonista. Real Madrid y Barça estarán representados en la cumbre de Como en la que se analizará el futuro de la Euroliga y las alternativas que tienen sus clubes propietarios.
Sobre la mesa hay dos caminos. El primero consiste en mantener la Euroliga bajo el control de sus clubes, conservar su actual modelo de gobernanza y desarrollar el plan de negocio previsto. El segundo pasa por aceptar la propuesta de la NBA, que supondría avanzar hacia un modelo de franquicias y, con ello, una transformación profunda de la estructura actual.
La diferencia no es menor. Pasar de un sistema de licencias a otro basado en franquicias implica modificar la propia naturaleza de la competición. Los clubes dejarían de tener el mismo grado de control sobre el torneo y entrarían en una estructura mucho más próxima al modelo de las grandes ligas profesionales estadounidenses.
El proyecto que maneja la NBA contempla una competición inicialmente de 16 equipos, con presencia en ciudades como Madrid, Barcelona, Londres, París, Milán, Roma, Atenas, Berlín, Múnich, Estambul, Manchester y Lyon. Y aquí aparece uno de los elementos más significativos: la NBA no parece querer construir su proyecto europeo de espaldas al fútbol, sino precisamente apoyándose en sus grandes marcas.
No es casualidad que Mark Tatum, comisionado adjunto de la NBA, acudiera recientemente a la reunión de la European Football Clubs celebrada en Copenhague para explicar a clubes de fútbol con equipos de baloncesto los beneficios de la propuesta estadounidense. Entre ellos estaban Real Madrid, Barça y Bayern de Múnich, además de PSG y Milan, según informó The Athletic.
La pregunta, por tanto, no es únicamente qué ocurrirá con la Euroliga. La cuestión de fondo es qué modelo de deporte profesional europeo se está intentando construir.
Porque la operación puede contemplarse como un proyecto exclusivamente baloncestístico: una gran competición continental, con ciudades importantes, franquicias estables, inversión estadounidense y una explotación comercial mucho más ambiciosa. Pero también puede interpretarse como algo más amplio: un laboratorio para comprobar hasta dónde puede llegar en Europa el modelo de las ligas cerradas.
Y ahí es donde inevitablemente aparece el precedente de la Superliga de fútbol.
El proyecto impulsado en 2021 por los grandes clubes europeos pretendía romper con el sistema tradicional de competiciones continentales y establecer una competición mucho más controlada por sus participantes. La oposición de UEFA, aficionados y buena parte del fútbol europeo frenó aquella iniciativa. Pero el debate sobre el modelo económico, la gobernanza y el reparto de los ingresos no desapareció.
El baloncesto puede convertirse ahora en la vía de entrada de una fórmula que el fútbol no consiguió implantar directamente.
No significa que exista un plan secreto para utilizar la NBA como caballo de Troya de una futura Superliga de fútbol. Esa conclusión sería ir demasiado lejos. Pero sí resulta legítimo observar que algunos de los protagonistas son los mismos, que las grandes entidades deportivas comparten intereses comerciales y que el debate sobre las competiciones cerradas sigue vigente.
Además, existe una diferencia fundamental: la NBA no llega a Europa con el mismo nivel de rechazo institucional que provocó la Superliga. Llega con una marca global extraordinariamente poderosa, con experiencia en la explotación comercial de una competición cerrada y con la capacidad de aportar inversión, organización y capacidad de expansión internacional.
Para Real Madrid, Barça o Bayern, la decisión tampoco será sencilla. Mantener la Euroliga significa preservar una estructura en la que los clubes tienen la gobernanza. Integrarse en el proyecto de la NBA significaría aceptar una transformación mucho más profunda, pero también la posibilidad de participar en una competición diseñada desde parámetros económicos y comerciales completamente diferentes.
Por eso, la cumbre de Como puede tener una trascendencia mayor de la que aparenta. No se está discutiendo solamente el futuro de la Euroliga. Se está poniendo a prueba un modelo.
Si el experimento funciona, si las grandes ciudades responden, si las audiencias crecen y si los clubes comprueban que el sistema de franquicias genera más ingresos y estabilidad, será inevitable que otros deportes observen el resultado con atención.
Y entre esos deportes estará, naturalmente, el fútbol.
La Superliga no necesita volver mañana. Puede avanzar por etapas, deporte a deporte, hasta que el concepto de competición europea cerrada deje de parecer una ruptura y empiece a presentarse como una evolución natural del negocio deportivo.
Quizá esa sea la verdadera importancia de la operación NBA-Euroliga. No que vaya a sustituir a la Euroliga actual, sino que pueda demostrar que el modelo que fracasó en el fútbol puede encontrar primero su campo de pruebas en el baloncesto.
Y si algún día vuelve a plantearse seriamente una Superliga de fútbol, quizá ya no sea necesario presentarla como una revolución. Bastaría con recordar que el camino comenzó mucho antes, y que el primer paso se dio en otro parquet.
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