
A poco de saltar los jugadores al terreno de juego, Altabix ya ha asentado las bases para la conversación futbolística del momento. La comunidad de aficionados pide otra ronda en las terrazas anexas al Martínez Valero sentando cátedra de cómo tuvo, debe y debería ser el juego del Elche. Cada mesa de parroquianos actúa con la voz de un entrenador experimentado, un once que sabe lo que tiene que hacer, reconociendo a su vez, quien comete los fallos y porqué.
La alineación es uno de los temas más controvertidos. La pugna por acertar con los candidatos más necesarios durar un buen rato. Quiénes los titulares, quienes son mejor para darles paso en el segundo tiempo, y la cabezonería de colocar a quien no rinde lo suficiente…
También es muy habitual que al recién llegado que prometía goles se le examine con ojo crítico desde el primer balón que toca. Si lleva dos partidos flojos, alguno ya asegura que ha venido a pasearse. Otro pide paciencia. Un tercero recuerda que al delantero de hace tres temporadas también querían mandarlo al banquillo en septiembre y acabó cerrando bocas.
Los móviles también se han ganado un sitio junto a la cerveza y el plato de almendras. Cuando la discusión llega a quién parte con ventaja el domingo, alguien termina buscando datos. Y alguien se acuerda que en WinComparator permiten comprobar las cuotas, comparar cifras y ver qué lectura hacen los números de cada encuentro.
En Elche cuesta lanzar las campanas al vuelo
Hablar de ascenso cuando la temporada acaba de empezar tiene su peligro. Basta pronunciar la palabra para que aparezca alguien dispuesto a recordar el año en que el equipo arrancó como un tiro y terminó sufriendo más de la cuenta. El aficionado ilicitano sabe ilusionarse, pero también ha aprendido a mirar la clasificación con cierta prudencia.
Eso tampoco impide hacer cuentas. Si hay una plantilla que convence, los nuevos responden y el Martínez Valero vuelve a ser un campo incómodo para cualquiera, las expectativas crecen rápido. “Este año hay equipo”, se escucha. Cinco minutos después llega la réplica desde la otra punta de la mesa: “Sí, pero falta gol”. Y ahí empieza otro debate.
Cada jornada alimenta el juicio popular. Un extremo puede pasar de fichajazo a decepción en dos domingos. Un suplente se convierte de repente en el futbolista que “tendría que jugar siempre”. Y una victoria convincente basta para mirar de reojo los puestos de arriba, aunque nadie quiera reconocer demasiado pronto que ya está haciendo cálculos.
Cuando se acerca la hora, toca pagar y ponerse en marcha. Las terrazas van perdiendo camisetas franjiverdes y las calles las ganan. El ambiente cambia en cuanto los grupos empiezan a caminar hacia el estadio. Ya se escucha algún cántico, aparecen bufandas y la previa entra en su última fase.
Entonces llega la alineación oficial al móvil. “¿Pero este juega otra vez?”. “Te dije que iba a ponerlo”. “Pues a mí me gusta el once”. El entrenador todavía no ha pisado el banquillo y ya ha recibido unas cuantas sentencias desde los alrededores del Martínez Valero.
Luego llega el momento de subir a la grada y comprobar cuánto había de verdad en todo lo discutido. Porque el aficionado puede pasarse dos horas poniendo pegas al equipo y entrar al estadio convencido de que hoy se gana. Y si la temporada empieza a dar motivos, la palabra ascenso volverá a aparecer en Altabix.

















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