Martes, 22 de Septiembre de 2026

Actualizada Martes, 22 de Septiembre de 2026 a las 22:32:40 horas

José Miguel Fraguela
José Miguel Fraguela Martes, 22 de Septiembre de 2026

Acierta Tebas: "Respeto a todos los clubes. Subordinación a ninguno"

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El último pulso entre Javier Tebas y Florentino Pérez, aunque este lo canaliza a través del club, vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que el fútbol español lleva demasiado tiempo evitando: ¿puede un club, por poderoso e influyente que sea, marcar los límites de lo que puede decir o hacer el presidente de LaLiga? La respuesta es evidente: no.

 

El Real Madrid considera "intolerable" que Javier Tebas utilice su posición institucional para criticar al club y reclama un presidente de LaLiga que actúe con "neutralidad". Pero hay algo profundamente contradictorio en ese planteamiento. La neutralidad no consiste en callar cuando uno de los clubes de la competición cuestiona sistemáticamente a los árbitros o alimenta la sospecha de que existe una persecución arbitral.

 

Tebas no está obligado a aceptar el relato del Real Madrid para demostrar que representa a todos los clubes. Al contrario. Si representa a todos, precisamente tiene que poder enfrentarse al discurso de cualquiera de ellos cuando considere que perjudica los intereses generales de la competición.

 

Y aquí está la clave de esta polémica. Criticar a un árbitro es perfectamente legítimo. Criticar una decisión concreta, también. Reclamar explicaciones al Comité Técnico de Árbitros, cuestionar una designación o denunciar un error, forma parte del debate deportivo. Lo que resulta inadmisible es convertir cada decisión desfavorable en una pieza más de un relato de persecución.

 

Porque si cada error contra el Real Madrid se presenta como una prueba de que el sistema está contra el club, ¿qué mensaje recibe el aficionado que observa la competición desde fuera? Que los árbitros no son imparciales. Que LaLiga no es fiable. Que los resultados están condicionados. Y, en última instancia, que el campeonato está permanentemente puesto bajo sospecha.

 

El Real Madrid lleva tiempo utilizando sus propios canales de comunicación para cuestionar actuaciones arbitrales. Real Madrid TV se ha convertido en una plataforma habitual para analizar y señalar decisiones de los colegiados que considera perjudiciales para el equipo. Y ahora se pretende que el presidente de LaLiga contemple todo eso como si se tratara de opiniones completamente ajenas al club.

 

Y aparece entonces José Mourinho. El entrenador portugués vuelve a situar el arbitraje en el centro de la conversación futbolística con sus críticas. Nada nuevo. Los entrenadores tienen derecho a protestar y los clubes tienen derecho a defenderse. Pero cuando esas declaraciones forman parte de un ecosistema permanente de sospecha sobre los árbitros, el debate deja de ser exclusivamente deportivo.

 

El comunicado del club blanco contiene una afirmación especialmente reveladora: dice que el presidente de LaLiga "no es el dueño de la competición". De acuerdo. Pero la misma regla debe aplicarse en sentido inverso: tampoco el presidente del Real Madrid es el dueño del club.

 

Florentino Pérez tiene una enorme influencia en el fútbol español y mundial. Eso es un hecho. Pero influencia no significa autoridad sobre la competición. El Real Madrid es uno de los clubes que forman parte de LaLiga, no la institución que determina qué puede decir su presidente ni qué posición debe adoptar la patronal. Por eso resulta acertada la respuesta de Tebas: "Respeto a todos. Subordinación a ninguno".

 

Puede parecer una frase provocadora, pero contiene una idea elemental. Un dirigente de una organización colectiva no está obligado a subordinarse a los intereses particulares de uno de sus miembros. Ni siquiera cuando ese miembro sea el Real Madrid.

 

¿Qué ocurriría si todos los clubes actuaran como el Real Madrid? ¿Qué sucedería si cada equipo utilizara sus canales oficiales para denunciar sistemáticamente a los árbitros, acusara a la competición de perjudicarle y exigiera al presidente de LaLiga que respaldara su versión de los hechos?

 

La respuesta es evidente: la competición terminaría convertida en una sucesión interminable de acusaciones cruzadas. Y eso es precisamente lo que Tebas trata de evitar.

 

El presidente de LaLiga no tiene que defender al Real Madrid. Tiene que defender a LaLiga. Y si considera que un determinado discurso perjudica la credibilidad del campeonato, tiene todo el sentido que lo diga. Cuestionar su derecho a responder supone confundir la neutralidad con la obligación de permanecer en silencio.

 

El fútbol español necesita mantener su credibilidad. Necesita que los árbitros puedan equivocarse sin que cada error se transforme automáticamente en una campaña de persecución. Necesita que los clubes puedan protestar sin convertir sus protestas en una deslegitimación permanente del campeonato.

 

Y necesita, sobre todo, que ningún club tenga la capacidad de establecer por sí solo qué puede decir, qué debe callar o cómo debe comportarse el presidente de la patronal.

 

Florentino Pérez puede defender al Real Madrid. Real Madrid TV puede criticar a los árbitros. Mourinho puede cuestionar sus decisiones. Y Tebas puede responder. Pero hay una diferencia fundamental: Florentino Pérez representa al Real Madrid; Javier Tebas, al conjunto de LaLiga.

 

Por eso, en esta batalla concreta, Tebas tiene una razón de fondo difícil de discutir: respetar al Real Madrid no significa someterse a su discurso. Y defender a todos los clubes implica, precisamente, que ninguno pueda sentirse dueño de la competición.

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