Miércoles, 02 de Septiembre de 2026

Actualizada Miércoles, 02 de Septiembre de 2026 a las 18:41:19 horas

EDITORIAL DE IUSPORT
EDITORIAL DE IUSPORT Miércoles, 02 de Septiembre de 2026

Ana Peleteiro, Alexia Putellas, la congelación de óvulos y el rol de la RFEF

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Las palabras de Ana Peleteiro sobre la decisión de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) de financiar la congelación de óvulos de las futbolistas merecen ser escuchadas. Proceden de una deportista de élite que conoce en primera persona las dificultades de compatibilizar maternidad y deporte de alto nivel. Pero que una opinión sea respetable no significa que tengamos que compartirla.

 

Peleteiro considera que la iniciativa es «profundamente machista» porque, a su juicio, en lugar de adaptar el deporte a los tiempos reproductivos de las mujeres, se estaría intentando adaptar esos tiempos a las exigencias de la competición.

 

Es una reflexión legítima. Pero, en nuestra opinión, confunde una posibilidad con una obligación y una ayuda con una imposición. Asi lo ve también otra deportista del mismo nivel, Alexia Putellas, quien trasladó la preocupación a la Federación en nombre de todas las jugadoras, partidarias de la congelación. 

 

La RFEF no está diciendo a sus futbolistas que no sean madres. Tampoco les pide que congelen sus óvulos. Lo que hace es ofrecer financiación para una opción médica que permite a aquellas jugadoras que voluntariamente quieran posponer su maternidad disponer de una alternativa para preservar sus posibilidades reproductivas futuras.

 

Y eso, por sí mismo, difícilmente puede calificarse de machista.

 

Si una futbolista quiere ser madre durante su carrera, debe poder serlo y contar con todas las garantías para que esa decisión no perjudique sus derechos laborales y deportivos. Protección durante el embarazo, mantenimiento de sus contratos, recuperación posparto, reincorporación a la competición y facilidades para el cuidado de sus hijos son medidas imprescindibles.

 

Pero existe otra realidad: hay deportistas que quieren ser madres, pero no desean hacerlo todavía. Para ellas, la congelación de óvulos puede ser una herramienta de planificación personal y reproductiva. ¿Por qué negarles esa posibilidad?

 

La cuestión fundamental es quién toma la decisión. Si corresponde a la mujer, si la financiación se ofrece sin contraprestaciones y si aceptar o rechazar la ayuda no tiene consecuencias sobre su carrera, estamos ante una ampliación de la libertad de elección, no ante una limitación.

 

Sería preocupante que una jugadora pudiera percibir que para conservar su puesto en la selección tiene que renunciar a ser madre. Pero también sería paradójico considerar machista que una institución le facilite una alternativa cuando ella misma decide retrasar la maternidad.

 

La libertad reproductiva consiste precisamente en poder elegir.

 

Eso sí, financiar la congelación de óvulos no debe sustituir a las políticas de conciliación y protección de la maternidad. Ambas cosas pueden y deben coexistir.

 

La RFEF debe garantizar que una futbolista embarazada no vea comprometida su carrera y, al mismo tiempo, puede ofrecer a otra jugadora la posibilidad de congelar sus óvulos si considera que esa opción se ajusta mejor a su proyecto personal.

 

La preocupación de Peleteiro acerca de que una opción pueda transformarse en una expectativa merece vigilancia. Nadie puede esperar de una deportista que retrase su maternidad para favorecer los intereses de la institución. Pero ese posible riesgo no convierte automáticamente la ayuda en machista.

 

La verdadera igualdad no consiste en decirle a una mujer cuándo debe ser madre, ni cuándo no debe serlo. Consiste en que pueda tomar esa decisión sin que su carrera deportiva decida por ella.

 

Proteger a quien quiere ser madre durante su carrera y ayudar a quien quiere posponerla no son políticas contradictorias. Son dos caras de una misma idea: que la decisión pertenezca a la mujer.

 

Si una futbolista quiere congelar sus óvulos, que pueda hacerlo. Si quiere ser madre durante su carrera, que pueda hacerlo. Y si no quiere ser madre, que nadie le pregunte por qué. Eso sí es defender su libertad.

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