Martes, 01 de Septiembre de 2026

Actualizada Martes, 01 de Septiembre de 2026 a las 02:45:55 horas

Sandra Moreno
Sandra Moreno Martes, 01 de Septiembre de 2026

El acoso digital contra Jenni Hermoso

F. RTVEF. RTVE

La futbolista vuelve al Atlético de Madrid entre una oleada de ataques personales en redes sociales que reabre el debate sobre la violencia digital machista, los derechos de las mujeres, el consentimiento y la igualdad en el deporte.

 

El regreso de Jenni Hermoso al Atlético de Madrid debería ser, desde una perspectiva estrictamente deportiva, una de las grandes noticias del fútbol femenino español, porque Jenni es campeona del mundo, máxima goleadora histórica de la selección y una de las futbolistas más influyentes de su generación. A sus 36 años, la jugadora ha decidido volver al club en el que se formó para afrontar una nueva etapa profesional.

 

Sin embargo, la conversación en redes sociales ha vuelto a desviarse hacia otro terreno, ajeno a lo deportivo. Tras anunciarse oficialmente su fichaje, numerosas publicaciones se llenaron de comentarios ofensivos, burlas relacionadas con el caso de Luis Rubiales, insultos misóginos y lesbófobos y mensajes de desprecio hacia el fútbol femenino y su persona, demostrando una profunda ignorancia sobre quién es esta mujer y su importancia en la historia del deporte femenino contemporáneo.  

 

En efecto, lejos de analizar su rendimiento, su trayectoria o lo que puede aportar al Atlético, una parte significativa de los usuarios volvió a convertir a Hermoso en el objetivo de una campaña de hostilidad y violencia misógina que tiene su origen en el beso no consentido que le propinó entonces el presidente de la Real Federación Española de Fútbol durante la celebración de la final del Mundial de 2023. Lo relevante es que los ataques no se dirigen únicamente contra una deportista, se dirigen contra una mujer valiente que decidió defender públicamente sus derechos sin pedir permiso.

 

Lo que enseñó Jenni Hermoso al mundo: el consentimiento no es negociable

 

El caso Hermoso marcó un antes y un después en la conversación internacional sobre consentimiento. Desde una perspectiva jurídica, el principio es sencillo: un beso sin consentimiento puede constituir una agresión contra la libertad sexual de una persona. La existencia de confianza, celebración, euforia o cercanía profesional no elimina la necesidad de que el consentimiento sea libre, espontáneo y voluntario.

 

Además, la dimensión laboral del caso fue determinante. Los estándares modernos de protección frente al acoso sexual recuerdan que existe una especial obligación de respeto cuando interviene una relación laboral. Un superior jerárquico no puede asumir que dispone de una libertad física o emocional sobre una subordinada. Las relaciones laborales y deportivas, y las normas que lo regulan en la FIFA y la RFEF, exigen límites claros precisamente para evitar abusos sexistas y de poder.

 

La repercusión mundial del caso ayudó a visibilizar una realidad que durante décadas fue minimizada: conductas consideradas que hasta hace poco se tenían "normalizadas" o "sin importancia" pueden constituir vulneraciones de derechos cuando se realizan sin consentimiento; un riesgo que los hombres deportistas no tienen en su trabajo.

 

Gracias a la firmeza de Hermoso, al apoyo de sus compañeras de la Selección Femenina española y de otros países, al movimiento feminista español e internacional, y al respaldo posterior de instituciones y organismos deportivos, millones de personas comprendieron una cuestión básica que no siempre estaba claro: ninguna mujer está obligada a aceptar un contacto físico que no desea, independientemente del contexto en que se produzca. Y, lo que es más importante, por fin se entendió que un jefe no puede prevalerse de su posición para besar o tocar en zonas íntimas a las mujeres de su organización.    

 

El acoso digital: la nueva frontera de la violencia contra las mujeres

 

El acoso digital a Jenni tras el reciente fichaje no es un episodio aislado. Responde a un patrón ampliamente documentado por organismos internacionales y estudios especializados sobre violencia digital. Las cifras son contundentes. Más del 73 % de las mujeres usuarias de internet han sufrido alguna forma de violencia o acoso en línea por parte de hombres. Entre las españolas de entre 16 y 24 años, el porcentaje alcanza niveles cercanos al 80 %. Una parte significativa experimenta además episodios graves y sostenidos que incluyen insultos, amenazas, humillaciones públicas, campañas de desprestigio o persecución digital. Y el precio que han de pagar es la ansiedad, estrés, miedo, autocensura y, entre otros, abandono de espacios públicos digitales.

 

La experiencia de Hermoso encaja en ese patrón global. Los ataques de los haters combinan varios elementos característicos de la violencia de género en internet: ridiculización, agresividad, minimización de los hechos denunciados, inversión de la responsabilidad, insultos sexistas y lesbófobos, descalificaciones personales, hostilidad hacia el feminismo, ataques dirigidos a expulsar a las mujeres del debate público, desprecio hacia el fútbol femenino y mucha misoginia, que no para de crecer pese a que Directiva Europea (UE) 2024/1385, tipifica el ciberacoso, el ciberacecho, el discurso de odio misógino y la difusión no consentida de imágenes íntimas.   

 

Resulta especialmente significativo que muchos de los comentarios no cuestionen aspectos deportivos, sino que utilicen referencias al “piquito” no consentido para tratar infructuosamente de desacreditar a la futbolista, pese a que Rubiales fue condenado por su conducta. El mensaje implícito es claro: denunciar una vulneración de derechos tiene un coste personal que tres años después Jenni Hermoso sigue pagando.

 

Del campo a los derechos humanos

 

La violencia digital contra las mujeres no es una cuestión menor ni exclusivamente tecnológica. Es un problema de derechos humanos. Naciones Unidas, el Consejo de Europa y numerosos organismos especializados han advertido de que los entornos digitales se han convertido en una extensión de los espacios donde históricamente se reproducen desigualdades y violencias machistas, de las que no se libran ni siquiera las mujeres políticas o con poder social y económico. Cuando una mujer recibe amenazas, insultos, campañas de odio o ataques coordinados por expresar sus opiniones o denunciar una agresión, lo que está en juego no es solamente su bienestar emocional. También están afectados derechos fundamentales como la dignidad, la participación pública, la libertad de expresión, la igualdad y el derecho a vivir sin violencia.

 

En el caso de las deportistas, además, existe un elemento añadido. Muchas mujeres que por fin alcanzan visibilidad pública se convierten en símbolos involuntarios de cambios sociales que generan resistencia en determinados sectores. Es también un recordatorio de que la violencia contra las mujeres ha encontrado nuevas formas de manifestarse en internet y de que la defensa de los derechos humanos sigue exigiendo vigilancia, protección, respuesta colectiva y mucha fortaleza personal. Por ello, el acoso dirigido contra Hermoso trasciende a la propia futbolista. Para muchos haters machistas, Jenni representa el movimiento #SeAcabó que surgió después de que la campeona del mundo plantara cara a las conductas machistas y abusivas en el deporte, e hiciera valer sus derechos como la lideresa que es dentro y fuera de la cancha. ¡Aúpa, Jenni!  

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