Miércoles, 26 de Agosto de 2026

Actualizada Miércoles, 26 de Agosto de 2026 a las 14:50:42 horas

Sandra Moreno
Sandra Moreno Miércoles, 26 de Agosto de 2026

Sacrificar rigor por audiencia en La Vuelta: caso Erola Jons

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La 81ª edición de La Vuelta a España, que arrancó el pasado 22 de agosto en Mónaco, ha quedado marcada por una decisión que ha generado un rechazo casi unánime entre profesionales del periodismo deportivo: la incorporación de Erola Jons (nombre artístico de la influencer Erola Moreno) a la cobertura oficial del evento, impulsada por Unipublic con el respaldo de RTVE, que la presentó como uno de los nuevos rostros de su cobertura.

 

El problema es que Jons no es periodista, no tiene formación en comunicación deportiva ni trayectoria ni conocimiento de ciclismo para la cobertura de La Vuelta. Su experiencia se limita a colaboraciones puntuales con Fórmula 1 y MotoGP, y su fama procede de un vídeo viral de 2023 en el que abordaba a desconocidos en una biblioteca con frases de ligoteo. Ese es, precisamente, el contenido que ha trasladado a La Vuelta: llamó a Tadej Pogačar "Pogachitar", le preguntó por qué "hiperventilaba" al verla, pidió que la "llevaran a dar una vuelta a ella también" y encadenó comentarios inapropiados sobre la ropa ajustada de los corredores. Con Josh Tarling, que atraviesa el duelo por la reciente pérdida de su hermano, bromeó con tener "20 etapas para conquistarlo".

 

Un error desde el origen

 

Lo llamativo no es que Erola Jons haya hecho lo que siempre ha hecho, es decir, construir su trayectoria en el coqueteo exagerado como recurso de humo, sino que se le haya dado acceso privilegiado a zonas reservadas a prensa acreditada, autobuses de equipo y zona mixta, para hacer precisamente eso en un evento deportivo de élite. El problema no es la influencer en sí, es la decisión de contratarla para una función que excede su perfil.

 

Periodistas como Laura Meseguer (Eurosport), con dos décadas cubriendo ciclismo, o Carlos de Andrés (TVE), calificaron lo ocurrido de "error grave" y "falta de respeto". Alberto Contador y Javier Ares hablaron de "perfil equivocado". Y aquí aparece la crítica que más debería pesar en la reflexión editorial de RTVE y Unipublic: cuando finalmente se decide dar protagonismo a una mujer en la cobertura de un deporte históricamente dominado por voces masculinas, no se recurre a ninguna de las periodistas especializadas que llevan años ganándose ese espacio a pulso. Se elige, en cambio, a una figura cuyo mérito profesional nada tiene que ver con el ciclismo, reforzando el estereotipo de que la presencia femenina en el deporte vale más por su capacidad de generar clics por razones superficiales que por su conocimiento.

 

Contratarla por lo que hece, y luego pedirle que no lo haga

 

El segundo desacierto es de gestión. Tras las críticas, Unipublic modificó el protocolo: Jons ya no puede dirigirse a los ciclistas sin autorización previa de los equipos y se le ha pedido un tono "más moderado". Es decir: se la contrató explícitamente por su estilo descarado y su capacidad de generar humor viral, y días después se le exige que deje de hacer lo único que sabe hacer en redes. Es una contradicción que revela improvisación y mal criterio: si el perfil no encajaba, no encajaba desde el primer minuto, no sólo cuando el ruido mediático se volvió incómodo para la organización. Mientras tanto, ella ha optado por reivindicar su estilo en directo, sin autocrítica, subrayando que su cometido siempre fue "romper internet", no informar.

 

¿Ya ha quedado que el sexismo es inaceptable?    

 

Si algo positivo puede extraerse de este episodio es, paradójicamente, involuntario: ha puesto en evidencia lo invasivos, faltos de profesionalidad y de mal gusto que resultan los comentarios sexuales o sexistas cuando se dirigen a una persona en un contexto deportivo y laboral, algo que numerosas periodistas y deportistas mujeres han denunciado durante décadas cuando han recibido ese mismo trato de compañeros o entrevistadores varones sin que generara ni de lejos esta repercusión o las tacharan directamente de exageradas. El escándalo por las preguntas de Jons a Pogačar ha logrado, sin buscarlo, que una parte del público entienda por fin lo que significa sentirse reducido a un cuerpo cuando estás trabajando.

 

Conviene recordar, en este sentido, que la normativa y las recomendaciones de lenguaje no sexista no protegen exclusivamente a las mujeres: exigen igual respeto y ausencia de cosificación hacia cualquier persona, con independencia de su sexo. El comentario sexual dirigido a un hombre también están prohibidos y no tienen gracia, porque siguen siendo una intromisión en su dignidad y en su desempeño profesional, y como tal debería valorarse con el mismo rigor con el que, afortunadamente, empieza a valorarse cuando la víctima es una mujer.

 

RTVE y Unipublic tienen ahora la oportunidad de aprender de este patinazo: la diversificación de audiencias y la búsqueda de un público joven son objetivos legítimos, pero no deberían construirse a costa del rigor periodístico, del respeto a los deportistas y, en modo alguno, a costa de las profesionales que sí conocen el deporte que cubren, pero que se les niega la oportunidad para favorecer a no profesionales.   

 

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