F: Captura TVGatear, sortear postes, subir escalones o abrir una caja: los robots humanoides de los Juegos de Pekín afrontaron este lunes una jornada de obstáculos, algunos aparatosos y otros tan cotidianos como manejar una herramienta.
Las pruebas combinaron circuitos diseñados para exigir equilibrio y coordinación con tareas de manipulación que buscan acercar a las máquinas a situaciones reales de trabajo.
La jornada incluyó 17 pruebas y repartió 13 medallas de oro, con nueve modalidades que se incorporaron este año al programa, entre ellas las carreras de obstáculos, la animación deportiva y la fijación de clavos.
Olimpiadas de Robots de Pekín: humanoides compiten en carreras, fútbol y tai chi. Más de 2.000 robots ponen a prueba su estabilidad y potencia articular en pruebas como los 400 metros, donde la máquina Tiangong Omni-04 venció con un tiempo de 45,66 segundos#NoComment pic.twitter.com/0jUXkbBed2
— euronews español (@euronewses) August 24, 2026
El cuerpo a prueba
En los 100 metros obstáculos, 50 robots se enfrentaron por parejas a un recorrido con giros estrechos, un tramo de gateo, plataformas, un puente en forma de S, escalones en espiral, pendientes, eslalon y vallas consecutivas.
La victoria fue para Shenzhen AGIbot, que completó el recorrido en 1 minuto y 28.32 segundos, mientras que Tianjiao se impuso en los 400 metros obstáculos con 4m:11.44.
Zhang Hua, subdirector del comité organizador y responsable de competición, explicó que la prueba corta, que este año pasa de uno a dos carriles, busca poner a prueba tanto la capacidad de las máquinas para superar obstáculos como su coordinación.
Pero no todo consistió en llegar de un punto a otro. En gimnasia de suelo, los humanoides ejecutaron volteretas, mortales y giros en el aire, con Galaxea como ganadora por apenas 0,75 puntos sobre Ningxia AGIbot.
La fuerza también tuvo su estreno: en la categoría pesada de halterofilia, el equipo Beijing Humanoid-HUST se llevó el oro tras levantar 16 kilos, uno más que Tiangong y Tianzhuo.
Cuando importan las manos
A pocos metros, los desafíos eran menos espectaculares y los movimientos mucho más pequeños: utilizar herramientas, fijar clavos, conectar cables, abrir envases o manipular objetos.
Son gestos que trasladan la competición hacia uno de los grandes objetivos de estos Juegos: comprobar si las capacidades desarrolladas por los humanoides pueden servir algún día para trabajar en fábricas, oficinas y otros entornos reales.
En la prueba de fijación de clavos, Wuxi AGIbot se impuso con 9 puntos, mientras Lingxin Qiaoshou ganó la de ensamblaje con herramientas eléctricas con 17.
En otra demostración, un humanoide manejaba un cúter para abrir una caja, aunque detrás de la máquina había todavía una persona: un operador equipado con sensores controlaba sus movimientos a distancia y el robot los reproducía.
La escena resumía una de las distancias que todavía separan la competición de las aplicaciones reales: tener las manos capaces de realizar una tarea no significa todavía saber utilizarlas sin ayuda.














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