César Soto Grado cumple con creces en San Mamés

El partido entre Athletic y Sevilla disputado ayer ha sido, sin duda, uno de los más complicados en lo que va de temporada. Y, especialmente durante una primera parte de auténtica exigencia, el riojano César Soto Grado tuvo que sortear una infinidad de pruebas de alto riesgo de las que, en mi opinión, salió airoso.
Parece que existen serias dudas entre el gentío sobre la validez de la tarjeta roja que vio Yuri tras el derribo de Miguel Sierra.
Empecemos por lo fácil: el derribo es inapelable. Yuri no solo agarra al delantero sevillista, sino que además le golpea con la rodilla en la parte inferior del muslo, provocando su caída. La acción del defensor es la que termina por derribar a Sierra.
Y esto, históricamente, siempre ha sido roja. Siempre. Si hablamos de una acción al borde del área, con el atacante cerca de la portería, avanzando en dirección a ella y sin otro defensor que pueda intervenir, estamos ante el escenario clásico de una expulsión por impedir una ocasión manifiesta de gol. Sobre el terreno de juego, en tiempo real, la decisión de Soto Grado resulta difícilmente discutible.
Ahora bien, nos estamos acostumbrando a tener mil repeticiones. Ponemos la lupa, sacamos el bisturí, utilizamos la cámara lenta y analizamos cada detalle de una jugada que, durante el partido, ocurre en apenas un instante. Y cuando hacemos todo eso, vemos claramente que Sierra realiza un control espantoso justo antes del derribo. El balón se le marcha y la jugada, probablemente, habría terminado sin peligro alguno de no producirse la intervención de Yuri.
Por eso, ¿debería ser suficiente para anular la roja? Quizá tengan razón quienes piensen así. El VAR está precisamente para revisar este tipo de situaciones y determinar si realmente existía una ocasión manifiesta de gol. Pero insisto: estas acciones, sobre el césped y en tiempo real, siempre han terminado en roja. Y Soto Grado interpretó exactamente eso.
Después llegó el 0-1. Unai Simón reclamaba una falta, pero el portero se confía, se duerme y se deja robar la cartera. Después pretende resguardarse bajo César Soto Grado, como si el árbitro tuviera que convertirse en su salvavidas. No hay falta y el riojano acierta al dar validez al gol.
Hubo también un par de caídas en el área del Sevilla, pero en ninguna de ellas vi motivos suficientes para señalar penalti. Fueron más intentos de engañar al árbitro que acciones merecedoras de castigo, y Soto Grado volvió a estar atento.
En definitiva, una actuación arbitral de mucho mérito en un escenario complicado. Sin estridencias, sin querer convertirse en protagonista y tomando decisiones difíciles en momentos de máxima tensión. Soto Grado cumplió con creces en San Mamés.

























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.30