Domingo, 23 de Agosto de 2026

Actualizada Domingo, 23 de Agosto de 2026 a las 04:05:58 horas

Enrique Arnaldo
Enrique Arnaldo Domingo, 23 de Agosto de 2026

Oda a Luis de la Fuente

No tema mi querido lector —si es que escribo para alguien— que voy a atreverme a emular a Rafael Alberti en su Oda a Platko, el gran portero de origen húngaro (el “oso rubio de Hungría”) que jugó en el FC Barcelona y al que el gaditano cantó tras la final de la Copa con la Real Sociedad de 1928, Oda a la que dio severísima respuesta el poeta guipuzcoano Gabriel Celaya con su "Contraoda del poeta de la Real Sociedad", en la que resta importancia a la heroicidad de Platko y acusa al árbitro de perjudicar a los donostiarras.

 

De la poesía a otro portero de fútbol (Lolo, que jugaba en el modesto Orihuela) se ocupó Miguel Hernández, como también lo hizo el colombiano García Vizcaíno el seleccionador García Usta del extremo brasileño Garrincha, que formó pareja imbatible con Pelé, o el uruguayo Benedetti de Maradona, cuya mano de dios forma parte de la historia del fútbol. Pero no me cansaré de repetir que, para mí, el culmen poético lo alcanzó Luis Alberto de Cuenca con su soneto al gol de Iniesta.

 

A ningún vate se la ha pasado por la imaginación siquiera escribir un poema a un entrenador, destinatario de todos los dardos cuando el equipo no funciona, pero enseguida olvidado cuando llega la victoria, que es propiedad de los jugadores. Sin embargo, concuerdo con José Luis Garci en que un equipo de fútbol “suele ser reflejo de la persona que lo dirige, de su cultura, de su valentía, de su educación, de su audacia, de su sensibilidad y de su manera de ver la vida, de su personalidad”. Me viene a la mente el nombre de un seleccionador que apostó por la lucha vigorosa frente a la técnica, la emoción y el espectáculo. Lo aparto de mi mente, pues prefiero el consejo que aprendí del libro de David Rieff: el elogio del olvido. Hoy quiero centrarme en el heredero más directo de Luis Aragonés y Vicente del Bosque al frente de la selección española. Se llama Luis de la Fuente.

 

Los seleccionadores nacionales no suelen ser personajes populares. Que se lo pregunten a Sir Alfred Ramsey, vituperado a pesar de haber conquistado la única estrella para Inglaterra. A Luis de la Fuente le sonaron los oídos en la noche del empate con Cabo Verde, pero no se inmutó porque es un hombre que tiene fe, que cree en lo que construye. Es el arquitecto de un equipo en el que no hay espacio para las figuras pues los dieciséis que juegan cada partido lo son.

 

Luis de la Fuente ejerce de tutor, de conductor. Los supporters de la selección española percibimos que el de Haro, desde su sencillez natural, con el equilibrio innato al carrilero zurdo del Athletic, ha forjado un equipo deslumbrante, conjuntado, cuyos integrantes se ofrecen y se encuentran. La selección española es una orquesta en la que cuerda, viento y percusión joggan bonito. Su director sonríe, incluso a los que no creían en él.

 

Es, por ahora, un sueño la victoria en la final del domingo (no hay nada mejor que ganar escribe Paul Auster), pero tú ya has ganado Luis. ¡Suerte!

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*Remitido por el autor y publicado por ABC durante el Mundial 2026

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