Del título mundial al cambio estructural: el legado del Mundial femenino de 2023
F: Europa PressHoy se cumplen tres años del 20 de agosto de 2023, cuando la selección española femenina de fútbol alcanzó la cima del deporte mundial al derrotar a Inglaterra por 1-0 en la final disputada en Sídney. El gol de Olga Carmona otorgó a España su primer Mundial absoluto femenino y culminó una trayectoria histórica que convirtió al país en el único capaz de reunir simultáneamente los títulos mundiales Sub-17, Sub-20 y la selección absoluta femenina, al que se suma el reciente Mundial de fútbol masculino.
Aquel éxito confirmó la excelencia del modelo formativo español y situó a sus futbolistas en el centro del reconocimiento internacional. Sin embargo, lo que debía convertirse en la celebración apoteósica del fútbol femenino español acabó derivando en un acontecimiento con profundas consecuencias jurídicas, sociales y políticas que excedieron ampliamente los límites del terreno de juego.
Tres años después, el verdadero legado de aquel Mundial no se mide sólo en trofeos y éxitos colectivos e individuales, sino también en los avances logrados en la protección de los derechos de las mujeres dentro y fuera del ámbito deportivo.
Un beso no consensuado que abrió el debate sobre acoso y abuso sexual
Durante la ceremonia de entrega de medallas, el entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, besó en los labios a la futbolista Jenni Hermoso sin su consentimiento. Lo que inicialmente algunos sectores intentaron presentar como un gesto espontáneo propio de la euforia deportiva fue rápidamente interpretado por una gran parte de la sociedad como una manifestación de abuso de poder. El episodio puso sobre la mesa una cuestión fundamental: la existencia de relaciones jerárquicas que condicionan la libertad de las mujeres en entornos profesionales y dificultan la expresión de un consentimiento libre y pleno.
La controversia adquirió una dimensión internacional inédita. No se trataba únicamente de valorar una conducta individual, sino de examinar las estructuras de poder históricamente dominadas por hombres dentro del deporte profesional y la insuficiente protección institucional frente a situaciones de discriminación o violencia sexual. Rubiales terminó condenado por el delito de agresión sexual, tipificado como tal tras la reforma introducida por la Ley de Garantía Integral de la Libertad Sexual, popularmente conocida como la ley del “solo sí es sí” y a indemnizarla por los daños sufridos.
La respuesta del deporte internacional
Por su parte, la FIFA y la UEFA se pronunciaron, saliendo en defensa de la integridad y la dignidad de las mujeres deportistas, cuya protección forma parte ya de los estándares exigibles en la gobernanza deportiva global. La FIFA le impuso una sanción de inhabilitación para ejercer cualquier actividad relacionada con el fútbol nacional e internacional durante tres años. Y esta sanción también reflejó una tendencia creciente en las organizaciones deportivas internacionales: considerar las conductas sexistas y los abusos de autoridad no sólo como problemas reputacionales, sino como infracciones graves incompatibles con el ejercicio de cargos de responsabilidad.
El gran legado: más derechos, más protección y más voz
El Mundial de Australia y Nueva Zelanda será recordado por el histórico título conquistado por España. Sin embargo, su impacto más transformador probablemente reside en el terreno de los derechos de las mujeres deportistas.
El caso impulsó una conversación social sin precedentes sobre consentimiento, abuso de poder, igualdad, discriminación sexista y brecha salarial. Fortaleció la visibilidad de las deportistas, aceleró reformas institucionales y obligó a federaciones, clubes, ligas, gobiernos y organismos internacionales a revisar sus mecanismos de prevención y sanción. También contribuyó a consolidar una idea fundamental: el éxito deportivo no puede desligarse del respeto a los derechos fundamentales de quienes lo hacen posible.
La fotografía que permanece en la memoria colectiva ya no es únicamente la de las campeonas levantando la Copa del Mundo. Es también la de unas futbolistas que han hecho historia, no sólo por lograr la profesionalización de su deporte, sino porque transformaron un episodio de vulneración de derechos en una reivindicación colectiva de dignidad, igualdad y justicia. En ese sentido, el Mundial de 2023 no sólo cambió la historia del fútbol femenino español. Ayudó a redefinir los estándares de protección de las mujeres dentro del deporte a nivel global y dejó un precedente que seguirá influyendo en las futuras generaciones de deportistas. De hecho, según la Liga F antes del título, España contaba con 87.827 licencias federativas femeninas; después del Mundial, el registro se disparó hasta las 127.242 licencias, convirtiéndose en el segundo deporte con más mujeres federadas, porque las niñas también quieres ser futbolistas.























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