Miércoles, 19 de Agosto de 2026

Actualizada Miércoles, 19 de Agosto de 2026 a las 16:40:57 horas

Sandra Moreno
Sandra Moreno Miércoles, 19 de Agosto de 2026

Acoso a las atletas: caso Tessy Ebosele

Tessy Ebosele / InstagramTessy Ebosele / Instagram

La saltadora española Tessy Ebosele no pudo contener las lágrimas ante las cámaras de RTVE tras quedar eliminada en la fase de clasificación de longitud del Campeonato de Europa de Atletismo, con un salto de 6,54 metros. No fue el resultado lo que rompió su entereza, sino el peso acumulado de meses de exposición pública y noches sin dormir, atrapada entre la presión de las expectativas y la dureza de las redes sociales.

 

Una carrera marcada por el esfuerzo y la superación

 

Nacida en Marruecos el 28 de julio de 2002, hija de una familia de origen nigeriano procedente de Benin City, Ebosele llegó a España con apenas año y medio, cruzando el Estrecho en patera junto a su madre, Evely. Creció en Álava, donde aprendió euskera, cursó estudios superiores, entre ellos Derecho, y obtuvo la nacionalidad española alrededor de 2020. Su trayectoria deportiva arrancó en la gimnasia rítmica, disciplina que abandonó a los trece años para volcarse en el atletismo.

 

Los resultados no tardaron en llegar: plata mundial sub-20 en triple salto en Nairobi (2021), plata europea sub-20 en longitud en Tallin (2021) y bronce europeo sub-23. Su progresión la llevó a competir en los Juegos Olímpicos de París 2024 y en citas mundialistas y europeas de la máxima categoría. El camino, sin embargo, se truncó en 2025 con la rotura del tendón de Aquiles, una lesión que requirió cirugía y la apartó de las competiciones más relevantes. Este año regresó con fuerza, firmando un nuevo récord personal de 6,86 metros en longitud.

 

El desahogo tras la eliminación

 

En zona mixta, visiblemente afectada, la atleta explicó que trata de mantenerse alejada de las redes sociales, conocedora de que junto a los mensajes de apoyo conviven comentarios especialmente hirientes. Reconoció que la noche previa a la competición apenas pudo descansar, presa de la ansiedad por no defraudar las expectativas depositadas en ella, y admitió que ese desgaste emocional condicionó su rendimiento.

 

Su mensaje, recogido por medios deportivos fue un llamamiento a la empatía hacia quienes compiten al más alto nivel: recordó el sacrificio que supone representar a un país y pidió comprensión cuando los sueños de un deportista no se cumplen, en lugar de la crueldad que a menudo reciben en el espacio digital.

 

Un problema que trasciende lo individual

 

El testimonio de Ebosele conecta con una preocupación creciente en el atletismo internacional. La propia World Athletics ha documentado en los últimos años el fenómeno del acoso digital hacia sus atletas –con especial intensidad tras el Mundial de Budapest 2023– señalando que buena parte de esos ataques se concentra en la red social X y que un porcentaje significativo tiene un componente racista, afectando de manera especial a las mujeres.

 

En su comparecencia de agosto de 2026, la deportista no atribuyó explícitamente los comentarios recibidos a su sexo o a su origen étnico; su discurso se centró en la presión del rendimiento y en el sufrimiento que genera no estar a la altura de lo esperado. Con todo, su caso no puede desligarse de un historial previo bien documentado: tanto ella como otras atletas españolas negras o de origen africano, como Ana Peleteiro o Fátima Diame, han sido blanco en el pasado de campañas machistas e insultos racistas y de mensajes de la ultraderecha que cuestionaban abiertamente su condición de españolas. La propia Ebosele había reconocido en 2024 que, si bien no había percibido racismo dentro del propio deporte, sí lo había sufrido en forma de comentarios en redes sociales.

 

De hecho, tras sus declaraciones de este verano volvieron a aparecer en redes sociales comentarios de tono xenófobo que cuestionaban su origen, su llegada en patera y hasta su nacionalidad, mezclados con crítica deportiva legítima y con numerosas muestras de apoyo. Los propios estudios de World Athletics apuntan en esa dirección: el abuso digital hacia los deportistas rara vez responde a una sola causa, y con frecuencia combina la crítica al rendimiento con prejuicios sexistas, étnicos o relacionados con origen migrante, una intersección a la que las atletas negras resultan especialmente expuestas.

 

Una petición de humanidad

 

Más allá de la polémica sobre las causas exactas del acoso que recibe, el caso de Tessy Ebosele pone sobre la mesa un problema estructural del deporte de élite actual: la sobreexposición digital constante, con su impacto directo en el sueño, la salud mental y el rendimiento de quienes compiten. Su petición fue tan simple como contundente: exigir el reconocimiento al sacrificio detrás de cada salto, carrera o intento por representar a su país, y demandar que ese esfuerzo no se pague con la crueldad de quienes, desde la comodidad de su sofá, critican sin piedad a las atletas de élite.

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