Imagen IUSPORTEl pasado martes salieron a la luz las intenciones de la FIFA de abrir la puerta al capital privado para financiar sus grandes torneos, entre ellos la Copa del Mundo, mediante el proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE), además de ampliar la financiación para el desarrollo del fútbol a más de 10.000 millones de dólares para sus 211 asociaciones.
Sin embargo, el plan acabó siendo retirado por la FIFA en la madrugada del sábado tras las críticas generalizadas y la creciente oposición de federaciones y confederaciones.
La amenaza de un boicot llegó a planear sobre las competiciones de la FIFA, después de que la UEFA anunciara que sus federaciones nacionales no participarían en ellas si el organismo mantenía su iniciativa. A esa postura también se sumaron la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf) y la Confederación Asiática.
Ese posible plante llegó a poner en riesgo citas de este año, como los Mundiales femeninos sub-20 y sub-17 de Polonia y Marruecos, el Mundial sub-17 masculino de Catar y la clasificación para el Mundial absoluto femenino de Brasil 2027, aunque finalmente la FIFA desistió de seguir adelante con el proyecto.
La máxima organización del fútbol mundial recibió numerosas críticas durante los últimos días, a las que se sumó el viernes Carlos Cordeiro, asesor de la FIFA, y el primer ministro británico, Andy Burnham, quien calificó a Infantino como "la persona equivocada" para dirigir la organización.
La FIFA trató de defender su proyecto
La FIFA salió al paso de la oleada de críticas asegurando que su proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE) no pretendía vender el fútbol ni ceder el control de su gobernanza.
La entidad reconoció en un comunicado que respetaba los comentarios y las preocupaciones expresadas públicamente y sostuvo que la creación de FFE solo avanzaría si contaba con el respaldo de la mayoría de las asociaciones.
"Nadie está vendiendo fútbol. Esto no es algo que la FIFA jamás consideraría", aseguró entonces la organización.
Además, la FIFA defendió que la iniciativa buscaba únicamente optimizar la gestión comercial de sus torneos para generar mayores ingresos, garantizando que el dinero recaudado sería redistribuido entre las 211 asociaciones miembro.
También lanzó un dardo al fútbol europeo al afirmar que "ninguna entidad puede arrogarse la representación de las 211 asociaciones miembro de todo el mundo".
Antes de que la FIFA anunciara la retirada definitiva del plan, tres de las seis confederaciones continentales expresaron públicamente su rechazo a una iniciativa que contemplaba la creación de una filial comercial, valorada en unos 20.000 millones de dólares, de la que podría haberse puesto a la venta hasta un 20 % de su capital a inversores privados.






















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