Es inevitable no pensar por qué esquivó Argentina la Finalissima
F. Europa PressDurante meses se discutió por qué la Finalissima entre España y Argentina, prevista inicialmente para marzo, nunca llegó a disputarse. Se habló de problemas de calendario, de compromisos internacionales y de dificultades logísticas. Eran explicaciones plausibles, pero los acontecimientos posteriores han dado pie a una interpretación muy distinta.
La final del Mundial 2026 ha cambiado por completo la perspectiva. España derrotó a Argentina y confirmó sobre el terreno de juego que atraviesa un momento de superioridad futbolística. A la luz de ese desenlace, resulta inevitable pensar que la federación argentina no tenía ningún interés en exponer a su selección a una derrota de enorme impacto mediático apenas unos meses antes de la gran cita mundialista.
Una derrota en la Finalissima habría supuesto un duro golpe para la moral del equipo, habría alimentado dudas sobre su capacidad competitiva y, sobre todo, habría reforzado la convicción de que España era el principal candidato al título. Evitar ese enfrentamiento permitía conservar intacta el aura de favorita con la que la Albiceleste llegó al Mundial.
El problema es que el fútbol no entiende de cálculos eternos. El partido que no se quiso disputar en marzo terminó celebrándose en el escenario más importante posible: la final del Mundial. Y allí España confirmó con una victoria por 1-0 que el temor argentino no era infundado.
Naturalmente, nadie puede afirmar con certeza que esa fuera la razón oficial para aplazar o evitar la Finalissima. Solo quienes tomaron la decisión conocen los verdaderos motivos. Sin embargo, el desenlace del Mundial ha alimentado una lectura que resulta difícil de ignorar: si Argentina evitó enfrentarse a España antes del torneo, quizá fue porque intuía que ese era precisamente el rival al que más debía temer.
Al final, el tiempo suele poner cada decisión en su contexto. La Finalissima nunca se jugó, pero el Mundial ofreció la respuesta que muchos buscaban. Y esa respuesta dejó una sensación inevitable: Argentina evitó un examen que, meses después, ya no pudo eludir y que suspendió.



























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