F: ShutterstockEl Mundial de fútbol ha mostrado dos caras: la espectacularización del deporte como negocio —el show, la hidratación publicitaria— y, al mismo tiempo, un fútbol que va más allá del gol de Ferran que unió a todos sin distinción. En medio de ese escenario, Luis de la Fuente ha recuperado el pensamiento clásico y el estoicismo para construir un equipo campeón del mundo.
Su liderazgo ha revalorizado lo humano por encima del negocio. Ha unido el talento joven con la experiencia y la sabiduría de un maestro en la gestión de grupos. El fútbol no entiende de edadismo: el respeto a todos es esencial. Luis ha tejido la segunda estrella poniendo a las personas en el centro de la victoria.
Cuando a mis alumnos en la universidad les digo que hay que leer a Homero o a los pensadores clásicos para entender el presente deportivo, les sorprende. Sin embargo, las reflexiones de Luis confirman que debemos seguir aprendiendo de los clásicos. Las Meditaciones de Marco Aurelio han sido su lectura inspiradora para elevar el deporte a lo más alto del Olimpo.
Este Mundial me ha impresionado no solo por el arte de jugar, sino por la esencia del deporte que Luis ha difundido: su liderazgo en valores, sus reflexiones dentro y fuera del vestuario. Viéndolo, me pregunté: ¿qué hace Marco Aurelio en el vestuario de la Selección Española? A primera vista, un emperador romano y un entrenador de fútbol parecen mundos distintos, pero están más cerca de lo que imaginamos. Su legado trascenderá la alegría de ser campeones del mundo.
Miguel A. Betancor León
Doctor en Psico-Pedagogía





















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