F: ShutterstockEl reciente y unánime reconocimiento al seleccionador nacional de fútbol viene a confirmar una tesis que he sostenido durante años, respaldada por mi propia y larga experiencia en la gestión federativa: la labor de un seleccionador y la de un entrenador de club pertenecen a dimensiones competitivas totalmente distintas.
Si echamos la vista atrás, los orígenes de nuestra selección en los años 20 y 30 delegaban esta función en comités formados por médicos, periodistas y pioneros de la educación física.
Más adelante, en los 50 y 60, figuras legendarias como un exarbitro, D. Pedro Escartín asumieron el mando, conviviendo con el modelo anglosajón del manager de despacho y el trainer de campo.
Ya en los 70, tras experimentos de dirección colegiada (como el triunvirato de Artigas, Kubala y Muñoz), irrumpió con fuerza la preparación física moderna. Tuve el honor de vivirlo en primera persona en el INEF como alumno del "Profe" Carlos Álvarez del Villar, cuyo manual “La preparación física del futbol basada en el atletismo” cambio todos los esquemas de entonces.
Hoy en día, las diferencias entre ambos roles son estructurales. El seleccionador trabaja en ventanas temporales muy cortas y bajo una enorme exigencia psicofísica. Su éxito radica en saber elegir y moldear el talento disponible. En concentraciones que oscilan entre los 4 y los 40 días, la preparación física ya no busca "entrenar" o mejorar la forma, sino convertirse en un control y gestión de la fatiga.
El reto es asimilar cargas heterogéneas y recuperar lesiones en tiempo récord. De ahí la espectacular evolución metodológica desde la época analógica hasta la precisión científica de los Paredes o Miñano posteriores. Además, el seleccionador debe blindar al grupo frente a la presión de un país entero donde cada ciudadano se siente un estratega.
Por el contrario, el entrenador de club convive con el día a día. Su horizonte es la regularidad de la Liga y está condicionado por la dirección deportiva, el mercado de fichajes, los agentes, la gestión de la cantera y el implacable examen semanal de la grada y el palco. El técnico de club rara vez diseña su plantilla al cien por cien y su continuidad pende siempre de un hilo; bien sabemos que en España muchos no llegan a comerse los turrones en el banquillo donde empezaron la temporada.
La historia demuestra que excelentes entrenadores de club y míticos exfutbolistas han fracasado rotundamente al asumir una selección nacional por no entender este cambio de paradigma.
Por ello, me alegra profundamente el éxito del actual seleccionador español, a quien vi llegar poco antes de mi dimisión en la RFEF el año 2015. Su figura encarna el triunfo de la especialización: el éxito total de la absoluta nace de la estructura de las categorías inferiores. Su gran virtud ha sido conocer al futbolista desde su etapa formativa (en las selecciones Sub-19, Sub-21 y Olímpica), creando una línea de sucesión natural donde se prioriza el bloque y los automatismos compartidos desde jóvenes por encima de los egos individuales.
No es extraño que potencias históricas como Italia, así lo manifestaba el nuevo presidente de su Federación, miren hoy la estructura de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas como el espejo y el modelo de cantera nacional a copiar para construir el éxito desde la base. Formar equipo
JOSE LUIS DIEZ DIAZ – Lcdo. en Derecho – Entrenador nacional




















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