Jueves, 16 de Julio de 2026

Actualizada Jueves, 16 de Julio de 2026 a las 03:03:23 horas

José Miguel Fraguela
José Miguel Fraguela Jueves, 16 de Julio de 2026

De la Finalissima que Argentina esquivó a la implacable final del Mundial

F. Europa PressF. Europa Press

Hay partidos que el fútbol reclama durante meses. Y hay ocasiones en las que algunos hacen todo lo posible por evitarlos. España y Argentina debían enfrentarse en marzo en la Finalissima, el partido reservado a los campeones de Europa y de América. Era el duelo que todos querían ver. Todos, salvo quien terminó encontrando motivos suficientes para que nunca se jugara.

 

Las explicaciones oficiales fueron de lo más variadas: un calendario imposible, problemas de fechas, compromisos ya adquiridos, la planificación del Mundial... Excusas de distinto tipo para un mismo desenlace: Argentina no quiso disputar la Finalissima y el partido quedó en el limbo. Resultaba llamativo que una selección que presume —con razón— de competir siempre contra cualquiera no encontrara un solo hueco para medirse a la campeona de Europa.

 

Pero aquellos obstáculos insalvables han desaparecido de golpe. No porque el calendario haya cambiado, sino porque el Mundial no deja espacio para las evasivas. España y Argentina han alcanzado la final y ahora ya no hay margen para elegir rival ni para posponer citas incómodas. El enfrentamiento que se evitó en marzo será una realidad en julio, con un título infinitamente más importante en juego.

 

La ironía es evidente. Lo que pudo ser una magnífica Finalissima se ha convertido en la final del Mundial. Mucho más prestigio, mucha más presión y una repercusión planetaria. Si alguien pensó que retrasar el duelo beneficiaba a Argentina, el destino ha elevado la apuesta.

 

Porque, más allá de las justificaciones oficiales, quedó la sensación de que la Albiceleste prefería no poner en juego su condición de campeona del mundo frente a una España que atravesaba el mejor momento de su nueva generación. Nadie lo admitirá públicamente, por supuesto. En el fútbol casi nunca se reconocen los cálculos estratégicos. Pero cuando un partido se aplaza una y otra vez hasta desaparecer, las interpretaciones son inevitables.

 

Ahora ya no habrá lugar para interpretaciones. España llega por méritos propios. Argentina también. Ninguna puede elegir el escenario ni el rival. Ninguna puede esconderse detrás de la agenda. El Mundial obliga a hacer aquello que la Finalissima nunca consiguió.

 

Y eso es, precisamente, lo que los aficionados llevaban meses esperando: que las dos mejores selecciones del momento se miren a los ojos y resuelvan sobre el césped lo que durante demasiado tiempo quedó pendiente.

 

Porque los grandes campeones no alimentan su legado esquivando desafíos. Lo engrandecen aceptándolos. En marzo Argentina alegó toda clase de 'razones' para no jugar y así ganar tiempo. Ese tiempo ya se agotó. 

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.54

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.