Anthony Taylor, un árbitro de infausto recuerdo para España

La designación del inglés Anthony Taylor para dirigir el Portugal-España de los octavos de final del Mundial no puede dejar indiferente a nadie que recuerde la final de la Nations League de 2021.
Para el fútbol español, su nombre evoca una de las decisiones arbitrales más aberrantes y trascendentes de los últimos años, una actuación que acabó decidiendo un título internacional y cuya interpretación terminó siendo desautorizada por las propias autoridades en la interpretación ulterior oficial de las reglas.
Aquel encuentro entre España y Francia quedó marcado por dos acciones en las que Taylor aplicó criterios radicalmente distintos. En la primera, unas claras manos de Jules Koundé dentro del área española fueron interpretadas con una flexibilidad sorprendente. El colegiado decidió no señalar penalti y el VAR tampoco consideró oportuno corregirle. Fue una decisión reveladora del amplio margen interpretativo que el árbitro quiso concederse y le concedieron.
Sin embargo, esa flexibilidad desapareció por completo cuando llegó la jugada decisiva del encuentro. El pase de Theo Hernández hacia Kylian Mbappé encontró al delantero francés en posición de fuera de juego. Eric García intentó desesperadamente interceptar el balón, apenas logró rozarlo y la trayectoria apenas se modificó. Pese a ello, Taylor entendió que ese mínimo contacto iniciaba una nueva jugada, validando un gol que otorgó a Francia el título para frustración de España.
Lo más llamativo no fue únicamente la decisión, sino la incoherencia del criterio empleado. Mientras en la acción de Koundé el árbitro realizó una interpretación amplia y subjetiva de la norma para evitar señalar penalti, en el fuera de juego optó por una lectura extremadamente rígida, ignorando las excepciones que precisamente contemplan las reglas de la IFAB.
La propia evolución posterior de la interpretación oficial de las Reglas de Juego terminó dando la razón a quienes, como nosotros, criticaron aquella decisión. Tras la polémica generada por esa final, la interpretación oficial fue modificada, dejando establecido que situaciones como la protagonizada por Mbappé deben considerarse fuera de juego. En otras palabras, aquello que ocurrió con Taylor nunca jamás podrá volver a repetirse, pero España perdió una final.
Además, resulta difícil sostener que Eric García iniciara una nueva jugada de forma deliberada. Su acción fue un intento desesperado de evitar que el pase llegara a un atacante que ya había iniciado el desmarque desde posición antirreglamentaria. No pretendía controlar ni jugar el balón, sino impedir una ocasión manifiesta de gol. Precisamente esa diferencia es la que la normativa establece entre un juego deliberado y una simple salvada defensiva.
También cuesta aceptar que Mbappé no influyera previamente en la acción del defensor español. Desde el instante en que comenzó su carrera hacia un balón al que solo podía llegar gracias a su posición adelantada, condicionó completamente la actuación de Eric García. El defensa actuó presionado por la presencia del delantero francés, circunstancia que refuerza aún más la consideración de fuera de juego.
Aquella noche no solo dejó una sensación de profunda injusticia. Dejó también la impresión de que un mismo árbitro había decidido interpretar el reglamento de dos maneras completamente distintas según el equipo al que perjudicaba. Esa falta de uniformidad es precisamente lo que más daña la credibilidad del arbitraje.
Ahora, con Anthony Taylor nuevamente al frente de un partido decisivo para España, es inevitable que resurjan aquellos recuerdos. Los errores arbitrales forman parte del fútbol, pero cuando una decisión termina marcando el destino de un título y posteriormente queda desautorizada por la propia interpretación oficial de las reglas, la desconfianza resulta comprensible.
España afrontará este nuevo desafío ante Portugal con la esperanza de que el protagonismo recaiga exclusivamente en los futbolistas. Porque el fútbol merece que los árbitros sean noticia por pasar desapercibidos, no por decisiones que, años después, siguen siendo recordadas como uno de los episodios más controvertidos del arbitraje internacional.
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