Marc Toda (@marc_toda) • InstagramMarc Toda (Valls, 1984) ha subido corriendo hasta la última planta de cinco de los ocho edificios más altos del planeta: es el primer español y el 15º del mundo en el ranking del circuito de ‘towerrunning’, una modalidad deportiva extrema que consiste en ascender por las escaleras de rascacielos en el menor tiempo posible.
Toda, que se costea todos los gastos, compite con atletas profesionales, sobre todo asiáticos, que viven rodeados de edificios altos para entrenar; mientras él, que reside entre Valls (Tarragona) y Montblanquet (Lleida) -pueblo de 8 habitantes-, se prepara corriendo por la montaña porque apenas hay escalones a su alrededor.
“Combino carreras de montaña, ascensiones verticales, series en pendientes pronunciadas y escaleras naturales. También entreno, a veces, en máquinas de escaleras en el gimnasio”, cuenta el deportista catalán en una entrevista con EFE.
Los ascensores le producen "respeto" desde niño
Los ascensores le producen “respeto” desde niño, y siempre subía andando, incluso cuando iba a visitar a un amigo que vivía en un décimo piso. Ahora, se toma esas visitas como un entrenamiento. “Solo cojo el ascensor para bajar después de las carreras”, comenta.
Toda, que jugó a baloncesto en su pueblo y llegó a ser campeón y seleccionador de Cataluña de raquetas de nieve, participó en su primera competición de ‘towerrunnig’ en 2013 en Malasia, donde residió un año.
“Me apunté a la KL Tower, una torre de 421 metros y 2058 escalones, y quedé el 29 de 2.385 participantes sin haber entrenado nunca una prueba de este tipo”, recuerda. Tardó casi 20 minutos en llegar a la meta.
Su primera carrera en España fue en el Hotel Bali de Benidorm en 2017 y acabó décimo tras subir 52 pisos y 924 escaleras.
A partir de entonces empezó a recorrer el mundo para participar en carreras por el interior de rascacielos. Ya ha subido a la cima de cinco de los ocho edificios más altos del mundo: Merdeka de Malasia (678,9 metros), Shaghai Tower de China (632 m), Ping an Finacer Center de China (599,1 m), Lotte Word Tower de Corea del Sur (554,5 m) y Guangzhou CTF Finace Centre (530 m).
Le faltan en esta lista Burj Khalifa de Dubái (828 metros) y Makkah Royal Clock Tower de China (610 m), donde no se realizan competiciones, y One World Trade Center de Estados Unidos (541,3 m).
Para Toda, el ‘towerrunning’ es también una excusa para viajar, una de sus grandes pasiones. Suele competir en ocho o diez carreras al año y normalmente va a acompañado por su pareja. “Compito, sobre todo, en Asia. Me encanta su cultura, su comida, su paisaje… Pero también he ido a Italia, Eslovaquia, Reino Unido, Austria o Alemania”, señala.
Sin gastos pagados
Marc Toda es entrenador personal y trabaja principalmente desde casa, lo que le da cierta flexibilidad para ‘escaparse’ durante unos días y dedicarse a este costoso deporte. “Al estar en la élite y el top 20, casi todas las inscripciones me salen gratis, pero el hotel, el vuelo y el resto de los gastos me los pago yo", dice.
Las pruebas son casi siempre contrarreloj, con salidas individuales cada 20 o 30 segundos. “En los rascacielos de 30 o 40 pisos, la subida es muy explosiva y el esfuerzo hace que las piernas se bloqueen por el ácido láctico al final; mientras que en los de más de 100 pisos, donde se tarda entre 15 y 20 minutos en subir, el factor clave es la cabeza”, explica.
Una especialidad al alza
El calor, la falta de ventilación y la alta humedad dentro de los edificios ponen a prueba la resistencia mental de los atletas: "Ves que estás en el piso 50 y que aún te quedan 50 más y piensas: ‘Venga va, hasta arriba’”, apunta.
El ‘towerrunning’ es una especialidad al alza: la Towerrunning World Association organiza el circuito mundial, que reparte puntos en función de la importancia de cada carrera, y en España está el Circuito de Carreras Verticales. Toda ha subido al podio en Italia, Suiza, Barcelona u Oviedo y es un habitual entre los 15 primeros en todas las competiciones a las que acude.
El atleta de Valls, que cumplirá 42 años este mes, asegura que le queda cuerda para rato, inspirado por otros atletas europeos de casi 50 años que siguen en los primeros puestos del ranking. Su gran reto pendiente es el Empire State de Nueva York, una carrera que se le ha resistido tres veces por motivos de agenda y presupuesto: "Creo que este año también me van a invitar y, a ver si a través de algún patrocinador, puedo permitirme ir", concluye.






















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