Pioneras del fútbol: las mujeres que abrieron el camino
Conchi 'Amancio' Sánchez / F. MarcaLlega a los cines Pioneras. Solo querían jugar, la emocionante película dirigida por Marta Díaz de Lope Díaz sobre las mujeres que fundaron el fútbol femenino español. Su apasionante historia, que ha permanecido en la sombra durante más de cincuenta años, cobra vida gracias a un elenco coral repleto de energía. El verdadero motor del film es este reparto vibrante, que combina a la perfección la frescura de nuevos talentos con la solidez de actores consagrados de la comedia española.
El 21 de febrero de 1971, el estadio de La Condomina en Murcia fue escenario del primer partido internacional (oficioso) en la historia del fútbol femenino español. Aquel día, un combinado de once mujeres se enfrentó a la selección de Portugal en un encuentro que concluyó con un empate 3-3, gracias a los goles de Laura Luchsinger, Conchi Sánchez (apodada 'Amancio') y Ana María García. Debido al rechazo frontal de la dictadura franquista, la Sección Femenina y la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), el encuentro se disputó en la clandestinidad institucional.
Las jugadoras saltaron al césped sin escudo oficial en sus camisetas ni la reproducción del himno nacional. Incluso el colegiado del encuentro, Sánchez Ramos, tuvo prohibido usar la indumentaria reglamentaria y se vio obligado a arbitrar en chándal. A pesar del intento de boicot federativo, e impulsadas por la gestión del visionario promotor Rafael Muga, pioneras como la guardameta Carmen Arce 'Kubalita', Virginia Cuñat, María Carmen García, Ana Seijo, Angelines Martín, Virginia Parra, Francisca Cruz, Concepción Sánchez, Laura Luchsinger y Amparo Herrera desafiaron las prohibiciones, la hostilidad y los obstáculos de la época. Aunque la RFEF no reconoció oficialmente a la selección femenina hasta 1980, disputando su primer partido oficial en 1983, aquel duelo en Murcia supuso la primera e histórica piedra del fútbol femenino en España.
Mujeres sin derechos
En una España regida por el nacionalcatolicismo, el Estado y la Sección Femenina decretaban que el destino único de la mujer era el ámbito doméstico, la maternidad y la sumisión conyugal. Bajo el marco jurídico del Código Civil de 1889, las mujeres carecían de plena capacidad de obrar y sufrían una estricta tutela legal: hasta los 25 años, la "patria potestad" les impedía dejar el hogar familiar sin el consentimiento paterno, salvo para casarse o ingresar en un convento. Asimismo, quedaban sujetas a la "licencia marital", un imperativo legal que obligaba a las esposas a obtener la autorización expresa de sus maridos para firmar un contrato de trabajo, abrir una cuenta bancaria, aceptar una herencia o solicitar el pasaporte.
Esta profunda discriminación comenzó a desmantelarse con la Ley 14/1975, la cual reconoció la capacidad jurídica a las mujeres, poniendo fin a la tutela de las casadas. Por ello, calzarse unas botas de fútbol y saltar a un campo con calzonas deportivas a dar patadas a un balón supuso un desafío frontal a la legalidad y a la moral impuesta de su tiempo.
Cuando en 1972 un periodista le preguntó a Victoria Hernández, de quince años, recién terminado un España-Italia: "¿Qué es más fácil, hacer una tortilla de patatas o meter un gol?", ella respondió a la machistada sin dudar: "Meter un gol". Porque eran unas campeonas: entrenaban, viajaban en autobús por todo el país y jugaban más partidos que entrenamientos hacían, ya que cada encuentro era una misión: demostrar que podían ser futbolistas.
Abriendo camino con todo en contra
Al frente de ese equipo estaba "Conchi Amancio", considerada la primera futbolista profesional española. Capitana de aquella selección pionera, desarrollaría después una carrera de veinticinco años en Italia e Inglaterra, en la que anotó más de quinientos goles. Y, sin embargo, más de medio siglo después, su nombre sigue siendo prácticamente desconocido para el gran público.
Su gesta merece un lugar en la memoria colectiva del deporte español y en la historia de los derechos de las mujeres en este país porque, sin su valentía, sus goles y el desafío a todas las reglas del franquismo que les impedían jugar, hoy no tendríamos de referentes a las actuales campeonas del mundo. ¡Gracias, pioneras!























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