F: ShutterstockQue maravilla es ver correr detrás de un balón de fútbol a niños y niñas divirtiéndose y disfrutando del deporte más emblemático y popular del mundo. Un deporte que para ellos es todavía un juego que en tiempos modernos se ha trasladado a escuelitas de fútbol, academias, en el cole donde benjamines, alevines, infantiles recrean su vida sin pensar en victorias y derrotas en puntos ni trofeos sino en correr, pasar al compañero, tirar a la portería y si se puede gritar un gol o aplaudir al portero por una gran atajada o paradón.
Atrás quedaron la emoción de jugar en la veredas de las casas, o en los potreros como se les llamaba en Argentina, los tiempos actuales ya los dificulta y se ha sofisticado en mejores lugares, con mas comodidades y menos riesgos.
La Convención Internacional de niños, niñas y adolescentes que vela por ellos desde el año 0 hasta los 18 se ha expresado claramente en el artículo 31 cuando sostiene “LOS ESTADOS PARTES RECONOCEN EL DERECHO DEL NIÑO AL DESCANSO Y EL ESPARCIMIENTO, AL JUEGOY A LAS ACTIVIDADES RECREATIVAS PROPIAS DE SU EDAD Y A PARTICIPAR LIBREMENTE EN LA VIDA CULTURAL Y EN LAS ARTES”.
El deporte es un derecho humano que también se aplica en los menores desde su punto de vista como derecho económico social y cultural. El legislador, parece resistirse a usar la palabra deporte como ocurre en la Constitución argentina que en ninguno de sus artículos cita esta palabra más debe ser entendida su presencia en los derechos no enumerados del art. 33 o en su vinculación a los tratados internacionales.
José Emilio Jozami Delibasich














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