Florentino Pérez sigue 'jugando' a director deportivo
F. ShutterstockLa noticia de la oferta de 150 millones de euros por Julián Álvarez confirma algo que lleva años ocurriendo en el Real Madrid: Florentino Pérez sigue ejerciendo de facto como director deportivo del club.
Y, lo que resulta más preocupante, continúa tomando decisiones que responden más a la lógica del impacto mediático y del galáctico de turno que a las necesidades reales de la plantilla.
A pesar del correctivo electoral (un 65% no refleja un apoyo unánime), llama la atención que siga interviniendo de manera tan decisiva en la confección deportiva del equipo. La operación Julián Álvarez es un ejemplo perfecto de ello.
El delantero argentino es uno de los mejores atacantes del mundo y cualquier equipo querría contar con él. El problema no es el jugador. El problema es la posición. El Real Madrid ya dispone de Vinicius, Mbappé, Rodrygo, Endrick, Brahim y otros futbolistas capaces de ocupar posiciones ofensivas. Incluso si se producen salidas, la delantera sigue siendo una de las zonas mejor cubiertas de la plantilla.
Mientras tanto, el centro del campo continúa arrastrando una carencia evidente desde la retirada de Toni Kroos. El alemán no era simplemente un centrocampista más. Era el futbolista que organizaba el juego, marcaba los ritmos del partido y daba sentido a la circulación del balón. Su ausencia quedó patente durante toda la temporada pasada. El Madrid siguió ganando partidos gracias a su extraordinario talento individual, pero perdió control, claridad y capacidad para gobernar los encuentros desde la posesión.
Un año después, el club sigue sin haber encontrado un sustituto de garantías. Ni lo ha fichado ni parece buscarlo con la misma determinación con la que persigue delanteros y extremos. La paradoja es evidente: donde hay abundancia se quiere añadir más talento; donde existe una necesidad estructural, reina la improvisación.
La historia reciente demuestra que los grandes equipos no se construyen únicamente a base de estrellas ofensivas. El PSG es un ejemplo perfecto de esta afirmación. Ni con Neymar, ni con Messi, ni con Mbappé ganó la Champions. Después de que salieran los tres del equipo, ha ganado dos.
El propio Florentino debería recordarlo. Los ciclos más exitosos del club estuvieron sostenidos por futbolistas como Xabi Alonso, Luka Modric, Casemiro o Toni Kroos. Jugadores que no llenaban portadas por sus cifras goleadoras, pero que hacían funcionar al equipo.
La sensación es que el presidente sigue atrapado en una visión del fútbol demasiado vinculada al nombre propio y al golpe de efecto. Cada mercado parece necesitar un nuevo galáctico, aunque la plantilla reclame otras prioridades. El resultado es un equipo cada vez más espectacular sobre el papel, pero menos equilibrado sobre el césped.
Quizá haya llegado el momento de que Florentino Pérez haga lo mismo que se exige a cualquier gran dirigente: rodearse de especialistas y confiar en ellos. El Real Madrid necesita un presidente que siga siendo el mejor gestor del fútbol mundial. Lo que no necesita es un presidente que continúe actuando como director deportivo.
Porque los grandes clubes no ganan por acumular delanteros. Ganan por construir equipos coherentes. Y hoy la gran urgencia del Real Madrid no está en el área rival. Sigue estando en el vacío que dejó Toni Kroos.


























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