El fútbol entra en la feroz campaña de las presidenciales de Colombia
F: Selección ColombiaUna jueza de Bogotá ha prohibido provisionalmente al candidato presidencial Abelardo de la Espriella y a su movimiento “Defensores de la Patria” el uso de la camiseta de la Selección Colombia en su campaña electoral. La decisión judicial es la respuesta institucional a una práctica que vulnera principios básicos del Estado democrático.
La camiseta amarilla no pertenece a ningún partido. Es el símbolo deportivo más transversal del país, uno de los pocos capaces de congregar a personas de todas las clases, edades, regiones, etnias e ideologías de Colombia bajo una misma emoción. Convertirla en estandarte electoral del candidato de la ultraderecha es un acto de apropiación indebida: quien la viste en un mitin o a pie de urna no está expresando amor por el fútbol, sino enviando un mensaje deliberado de que la nación entera lo respalda. Es lo que se denomina ambush marketing: parasitar un símbolo ajeno para transferir su carga emocional a una marca propia.
En este caso, la operación resulta especialmente llamativa por su contradicción interna. Según la biografía del propio candidato, El abogado millonario que aspira a gobernar a Colombia detesta el fútbol, jamás ha pisado un estadio y no le interesa el Mundial. Portador de triple nacionalidad, colombiana, italiana y estadounidense, ha pasado los últimos años viviendo entre Italia y Estados Unidos. Ha calificado públicamente a los colombianos de "desagradecidos, desleales y cafres", anunciando que regresará a Italia si no gana, y amenaza con "destripar" a sus adversarios políticos si llega a la presidencia. Que ese mismo candidato se vista con la camiseta que representa a toda la población colombiana constituye una paradoja difícil de ignorar.
La prohibición se basa en tres pilares. Primero, la usurpación de un símbolo unificador: al adueñarse de la camiseta, el movimiento excluye a los demás colombianos, y a sus rivales electorales, del sentimiento de pertenencia. Segundo, la vulneración del principio de igualdad en la contienda democrática: los emblemas del Estado y sus instituciones, incluidas las deportivas, deben mantenerse neutrales. Tercero, el uso indebido de un emblema fuera de su contexto legítimo: la camiseta pertenece al estadio, no a la contienda política.
Esta misma semana, Shakira desautorizó el uso de su imagen por parte del otro candidato, con una declaración que resume bien el espíritu que debería regir estos límites: "mi compromiso es con Colombia, con su democracia y con el derecho de cada colombiano a elegir libremente".
También ha sido polémica el incidente protocolario durante la despedida oficial de la Selección Colombia hacia el Mundial, porque el capitán del equipo, James Rodríguez, y otros futbolistas, ignoraron deliberadamente a la hija adolescente del actual presidente, que practica el fútbol, debido a la antipatía hacia su padre.
En la misma semana en que otra jueza ha ordenado al candidato de la Espriella a rectificar públicamente en un plazo de 48 horas que "las mujeres votan con inteligencia y criterio a partir de consideraciones racionales, programáticas o ideológicas propias de una ciudadanía autónoma”, y no por impulsos ante el tamaño de los genitales del candidato de la ultraderecha, como él señaló en una entrevista, la justicia ha sentado dos precedentes relevantes: los símbolos patrios no pueden ser mercancía electoral; y el camino hacia el poder no se puede pavimentar degradando, cosificando, acosando o descalificando a las mujeres en el espacio público.























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