Sábado, 06 de Junio de 2026

Actualizada Sábado, 06 de Junio de 2026 a las 16:20:27 horas

Blas López-Angulo
Blas López-Angulo Sábado, 06 de Junio de 2026

El Faquir Escobal: el capitán exiliado que el Real Madrid borró de sus altares

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Había considerado inaugurar esta serie de perfiles futbolísticos con el uruguayo Wing, pero la justicia histórica impone un desvío en la ruta. El fútbol, antes de ser una maquinaria perfecta de audiencias millonarias y alta fidelidad comercial, ya albergaba en sus costuras las tragedias, las pasiones y los exilios que terminaron por definir el convulso siglo XX. Algo de eso hay en el nuevo y monumental libro de Alfredo Relaño, 366 futbolistas de todos los tiempos que han hecho historia.

 

En sus páginas, no se limita a amontonar estadísticas de los modernos ases (“Astros Hipergalácticos) del Balón de Oro; su genialidad reside en glosar a los que él considera los mejores, pero pasándolos siempre por el tamiz de su contexto vital. Por cierto, Relaño es el único periodista de este país con voto en el celebrado premio.

 

Bajo esa misma premisa de memoria y dignidad, resulta imperativo dar el puntapié inicial remontándome a una época anterior a los Mundiales, rescatando una figura cuya trayectoria ya sinteticé originalmente en una tribuna publicada en Iusport en 2019: La segunda muerte de Perico Escobal (capitán legendario del Real Madrid).

 

Escobal fue un titán del área en los albores del profesionalismo. Un defensa central de una jerarquía indiscutible, fuerte y severo, que capitaneó al Real Madrid durante la década de los veinte y fue convocado con la selección española en los Juegos Olímpicos de París 1924.

 

Precisamente por esa imponente naturaleza física, por su capacidad de salir incólume de las batallas más encarnizadas sobre el barro y por un umbral del dolor que parecía sobrenatural, la grada y la prensa de la época lo bautizaron con un sobrenombre legendario: "El Faquir".

 

Sin embargo, su verdadero ejercicio de ascetismo y supervivencia no se jugó sobre el césped, sino en las celdas de la represión franquista tras el estallido de la Guerra Civil. Aquel cuerpo que aguantaba las embestidas de los delanteros rivales tuvo que soportar el hacinamiento, la enfermedad y la amenaza inminente de los fusilamientos. Disculpen aquí la obligada autocita de lo que ya expuse en estas mismas páginas en 2019, pero la precisión del dolor exige rescatar el pasaje exacto: "A los cuatro días del alzamiento es detenido e inicia un descenso ad inferos: el frontón Beti Jai habilitado como cárcel, de ahí a la Escuela Industrial y debido a una grave infección ósea de su espalda al viejo Hospital Provincial junto a la orilla del Ebro”.

 

Cuatro condenas a muerte llegaron a sobrevolar su cabeza por el único "delito" de su militancia en Izquierda Republicana y la Masonería, su condición de ingeniero y su inquebrantable coherencia ideológica. Es un principio elemental del derecho penal la irretroactividad de sus normas, salvo las favorables al reo. Aun así, la 6ª Región Militar le condenó en rebeldía por sus pasadas “responsabilidades políticas” a una multa de 15.000 pesetas (Sentencia de 30-9-1938). Fue indultado por gracia del Caudillo, más de 20 años después (29-10-59).

 

Afortunadamente, haciendo honor a su apodo, El Faquir sobrevivió milagrosamente a las sacas colectivas, logrando escapar penosamente hacia un exilio definitivo que lo llevó primero a La Habana y, finalmente, a Nueva York, donde fallecería en 2002. Murió lejos de la tierra que lo vio brillar, pero el verdadero drama es que hoy, en democracia, sigue desterrado de la historia oficial de su club.

 

Aquí es donde la crónica del pasado se transforma en una necesaria crítica institucional de presente. El Real Madrid actual, bajo la monolítica y tecnocrática presidencia de Florentino Pérez, presume de una impecable estructura de marketing global, de museos interactivos de última generación donde se proyectan hologramas (Real Madrid Experience-RME) y de una reconstrucción faraónica del estadio Santiago Bernabéu que busca asombrar al mundo.

 

La institución se enorgullece constantemente de su "señorío" y de una narrativa mítica que venera a sus leyendas de forma casi teológica, elevando el éxito comercial a la categoría de dogma.

 

Pero en esa selecta y reluciente galería de mitos (Tour Bernabéu) hay un vacío clamoroso. Un silencio de hormigón impuesto deliberadamente sobre la figura de su gran capitán de los años veinte. Mientras otros clubes europeos rescatan y dignifican la memoria de sus deportistas represaliados por los totalitarismos, la actual directiva madridista persiste en una intolerable amnesia corporativa: la "damnatio memoriae" (la condena al olvido) impuesta por la dictadura. Conlleva, además, un agravio comparativo con su compañero Monjardín: dos hombres que se abrazaban celebrando goles con la misma camiseta desde el colegio terminaron separados para siempre por la historia, donde uno de significado pasado falangista conserva los focos de la tecnología digital del siglo XXI y el otro sigue esperando su lugar en las vitrinas oficiales.

 

No reconocer a Perico Escobal como el capitán legendario que legítimamente fue constituye un acto de cobardía histórica que arrastra los prejuicios ideológicos del pasado hacia el siglo XXI. Al hurtarle su espacio en la memoria oficial del club, al omitir su nombre en los libros oficiales y en los altares de Chamartín, Florentino Pérez prolonga de manera indirecta el castigo que la dictadura le impuso: la invisibilidad y el olvido al que me refería en mi artículo de abril de 2019 y que no me cansaré de repetir aquí.

 

La grandeza de una institución centenaria no se mide solo por las toneladas de títulos que acumulan sus vitrinas o por el brillo vanguardista del titanio de su nueva fachada; se mide, fundamentalmente, por la dignidad y la justicia con la que honra a quienes construyeron sus cimientos en los tiempos más difíciles.

 

Comenzar este viaje con Escobal es un acto de estricta justicia poética: recordar al hombre de carne y hueso que habitaba detrás del balón. El Real Madrid tiene una deuda moral y democrática pendiente con su viejo capitán exiliado. Mientras el nombre de El Faquir siga sepultado por la desmemoria interesada del palco, el relato del club blanco seguirá estando irremediablemente incompleto.

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