Roland Garros garantiza la protección por discriminación: caso Vallejo
F: Captura Tennis Actu TVCuando el tenista paraguayo Adolfo Daniel Vallejo afirmó, tras su eliminación en segunda ronda de Roland Garros, que "ese tipo de partidos debería arbitrarlos un hombre", no estaba improvisando una opinión descuidada: estaba reproduciendo, con la comodidad de quien no espera consecuencias, uno de los prejuicios más persistentes del sexismo en el deporte: que los hombres son más aptos que las mujeres. Esta pretendida superioridad es lo que conocemos como machismo y ya no está permitida.
Es discriminación por razón de sexo
El machismo no es una opinión legítima entre otras. Es una forma de discriminación por razón de sexo, expresamente proscrita por la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, por los tratados fundacionales del Consejo de Europa, por la legislación francesa de igualdad, por el propio Código de conducta del tenis profesional francés y por la Declaración de Brighton sobre la mujer y el deporte.![[Img #182614]](https://iusport.com/upload/images/06_2026/4943_amelie-mauresmo.png)
Afirmar que una árbitra, en este caso la experimentada juez de silla brasileña Ana Carvalho, no tiene la autoridad ni la capacidad para gestionar un partido de alta tensión, por el mero hecho de ser mujer, constituye una infracción directa de esos marcos normativos. No hay ambigüedad interpretativa posible. No hay libertad de expresión que pueda ser invocada, es discriminación.
El carácter sancionador y disuasorio de la medida
La dirección del torneo francés, dirigido por la legendaria tenista francesa Amelie Mauresmo, ha hecho valer la normativa antidiscriminatoria prevista en el Código de Conducta de los Grand Slams (gestionado conjuntamente por la ITF y la FFT), específicamente la norma que regula las declaraciones públicas perjudiciales, conductas antideportivas y discursos discriminatorios o sexistas, imponiendo la sanción más alta en el Grand Slam parisino: 65.000 euros, retenidos directamente de los 130.000 que Vallejo percibió por superar la primera ronda, haciendo valer el carácter sancionador y disuasorio de la medida.
Mauresmo señaló que “es claramente algo inaceptable para nosotros, para el torneo y para la Federación, incluso más allá del torneo. Este tipo de comentarios no tienen cabida aquí”. No se trata de una reacción desproporcionada, ni de un gesto de corrección política vacío de contenido jurídico. Se trata de aplicación práctica del mandato de igualdad entre mujeres y hombres que rige también en el deporte. Las mujeres llevan décadas demostrando su plena aptitud para arbitrar, entrenar, dirigir y competir al más alto nivel del deporte mundial y deben ser tratadas con respeto.
Que en 2026 se tenga que defender esta evidencia mediante multas pone de manifiesto la necesidad de combatir con medidas efectivas la persistencia de un prejuicio que causa daño, por normalizar la subordinación y el desprecio a las mujeres. Roland Garros ha enviado un mensaje que trasciende el tenis: los espacios del deporte no son territorios exentos de los valores democráticos que rigen nuestras sociedades. La discriminación sexista no es una expresión cultural tolerable, ni un exceso verbal menor, es discriminación, una infracción normativa a la que se le debe dar respuesta jurídica.























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