El homenaje machista de Raúl González a su esposa
Raúl González / InstagramHace unos días, Raúl González, uno de los futbolistas más destacados del deporte español, concedió una entrevista en la que pretendía homenajear a su esposa, Mamen Sanz, por el apoyo que le ha dado en su carrera: "Mi mujer dejó sus ilusiones por mí y por mis hijos. Ha cuidado de ellos y ha creado una familia durante 26 años juntos". Estas palabras buscaban mostrar gratitud; pero, en realidad, evidencian una actitud machista que debemos analizar.
Lo primero y fundamental es señalar que, según la Real Academia Española (RAE), el machismo es la “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. Una “forma de discriminación sexista caracterizada por la prevalencia (superioridad) del varón”. Esta definición sirve como base analítica para comprender cómo las sociedades, basadas en la supuesta superioridad de los hombres, han justificado la histórica y ancestral subordinación de las mujeres y la privación de sus derechos y libertades hasta bien entrado el siglo XX. De hecho, las mujeres españolas adquirieron la condición de plena capacidad jurídica, que terminó con la subordinación legal, en mayo de 1975, a través de la Ley 14/1975, que suprimió la figura de la licencia marital, es decir, el permiso obligatorio que el marido debía dar a la mujer para trabajar, abrir cuentas bancarias o viajar, es decir, tener autonomía.
Para Raúl, el suyo es un trabajo; el de Mamen, “ilusiones”
Antes de conocer al futbolista, Mamen Sanz era una modelo que empezaba a abrirse paso en la industria tras ser elegida Miss Madrid. Al casarse a los 23 años, su realidad cambió por completo: se volcó en el hogar y en la crianza de sus cinco hijos. La carrera de Raúl los llevó de Madrid a Gelsenkirchen, Catar y Nueva York; un periplo internacional donde, según él mismo reconoce, Mamen gestionó en solitario colegios, idiomas y la adaptación emocional de la familia. Mientras él se concentraba en competir, ella sostenía el hogar.
Aunque el discurso de Raúl busca homenajear a su esposa, calificar de "ilusiones" la carrera de una mujer no es un gesto de humildad. En el mejor de los casos, reduce sus proyectos de vida a algo prescindible, secundario y sin coste. En el peor, visibiliza una jerarquía normalizada que dictamina qué ambiciones merecen ser perseguidas y cuáles deben sacrificarse en el altar de un proyecto familiar que, en la práctica, era el de él. Al romantizar esta renuncia como algo esperable o admirable, propio de una "buena esposa", el discurso público perpetúa una expectativa sexista que, paradójicamente, es incapaz de reconocer como un trabajo la titánica labor de Mamen como gestora familiar.
Raúl habla en términos posesivos
El segundo mecanismo de machismo aparece en el lenguaje de la posesión. Expresiones como "mi mujer", "mis hijos" revelan una gramática que, bajo su apariencia cotidiana, edifica un universo donde la familia es enunciada como una extensión del hombre y no como un conjunto de sujetos autónomos. En este relato, la crianza se presenta como un servicio que ella realiza para él y para los hijos de él; se desdibuja así que se trata de hijos comunes, que ella es la madre de esos hijos y que la crianza y la gestión del hogar constituye un trabajo equivalente a su aportación en la vida conyugal. Aunque Raúl pretenda agradecer el apoyo y los cuidados recibidos, el sesgo de sus palabras no hace más que evidenciar la jerarquía con la que él mismo define su relación.
La romantización del sacrificio: la asimetría del éxito
El tercer mecanismo, y quizás el más arraigado, reside en la estructura misma del éxito. La narrativa implícita en el discurso de Raúl divide el mundo en dos esferas claramente asimétricas: la del protagonista masculino, que compite, viaja, triunfa y acumula capital social y profesional, y la de la esposa que permanece en la sombra, cuyo esfuerzo no genera visibilidad ni estatus público. Esta división no es natural ni inevitable; es el resultado de un orden social, económico y cultural que históricamente ha descargado en las mujeres el peso del trabajo reproductivo y de cuidados de la familia, despojándolo del carácter de trabajo y, por tanto, negándole valor económico y reconocimiento social.
Que Raúl ame a su esposa y le agradezca su apoyo no resta carga machista a sus palabras. Presentar el sacrificio y la abnegación de las mujeres bajo la etiqueta de "amor verdadero" sólo oculta una evidente dinámica de superioridad, que infravalora el trabajo reproductivo de las mujeres. Al final, este homenaje ha terminado evidenciando la pretendida superioridad masculina y desigualdad en la relación que encajan con la definición de machismo que hace la RAE.























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