Domingo, 17 de Mayo de 2026

Actualizada Domingo, 17 de Mayo de 2026 a las 04:58:59 horas

EDITORIAL DE IUSPORT
EDITORIAL DE IUSPORT Domingo, 17 de Mayo de 2026

Las reiteradas ausencias de la reina Letizia en las finales de la Copa de la Reina

Copa de la Reina de 2024 /  F. RFEFCopa de la Reina de 2024 / F. RFEF

La ausencia de la reina Letizia Ortiz Rocasolano en la final de la Copa de la Reina disputada este sábado en el Estadio de Gran Canaria vuelve a abrir un debate incómodo, pero necesario: ¿qué valor concede la Casa Real al deporte femenino cuando llega el momento de respaldarlo con hechos?

 

No era una cita menor. La final del torneo que lleva el nombre de la Reina reunió a miles de aficionados en Gran Canaria y coronó una temporada histórica para el fútbol femenino español.

 

Sin embargo, la gran ausente fue precisamente quien da nombre a la competición. Y lo más significativo es que ya no sorprende.

 

Porque no se trata de una ausencia aislada. La reina Letizia ha faltado en varias ocasiones a eventos deportivos femeninos de primer nivel vinculados directamente a su figura institucional. El mensaje que se transmite es inevitable: la Copa de la Reina parece importar poco a la Casa Real. Y la comparación con la masculina resulta demoledora.

 

La última vez que la reina Letizia Ortiz Rocasolano asistió a una final de la Copa de la Reina fue el 18 de mayo de 2024, en el estadio de La Romareda de Zaragoza, durante la final entre el FC Barcelona y la Real Sociedad.

 

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Antes de esa presencia, solo había acudido una vez más: en 2019, en el estadio Nuevo Los Cármenes de Granada, cuando la Real Sociedad venció al Atlético de Madrid. Aquella fue además la primera vez que un miembro de la Casa Real presidía la final del torneo femenino.

 

Es decir, entre 2019 y 2024 pasaron cinco años sin que la Reina acudiera a la final del torneo que lleva su nombre. En 2026 tampoco asistió. 

 

Mientras Felipe VI acude siempre a las finales del torneo masculino —con presencia protocolaria, entrega de trofeos y protagonismo institucional—, el campeonato femenino continúa recibiendo un respaldo intermitente. La diferencia no es solo simbólica; es política, social y cultural.

 

La monarquía sabe perfectamente el poder de la imagen. Cada aparición oficial está medida al milímetro. Por eso, cuando el Rey sí está y la Reina no, la lectura pública es clara: hay eventos considerados prioritarios y otros secundarios. Y en demasiadas ocasiones, el deporte femenino sigue instalado en esa segunda categoría.

 

Resulta especialmente contradictorio en una institución que ha intentado proyectar una imagen moderna, cercana a la igualdad y comprometida con los avances sociales.

 

El fútbol femenino español ha roto barreras históricas, llena estadios, genera referentes y conquista títulos internacionales. Pero todavía parece no merecer la debida atención institucional.

 

La final de Gran Canaria era, además, una oportunidad perfecta para lanzar un mensaje de apoyo inequívoco.

 

Lla isla respondió. La afición respondió. Las jugadoras respondieron. Quien no estuvo fue la principal representante institucional del torneo.

 

Defender el deporte femenino desde los discursos es sencillo. Lo difícil es demostrarlo cuando toca ocupar el palco, entregar el trofeo y dar visibilidad a las protagonistas. Ahí es donde se mide el compromiso real.

 

Y hoy, una vez más, la Copa de la Reina volvió a quedarse sin su principal valedora institucional. 

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