Las federaciones deportivas deben blindar la categoría femenina
F: ShutterstockEl deporte femenino ha llegado a un punto de inflexión. La decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de exigir pruebas de sexo como requisito de elegibilidad para competir en la categoría femenina a partir de los Juegos Olímpicos de 2028 no es un ocurrencia institucional ni una concesión a presiones políticas: es una respuesta tardía, pero necesaria, a una realidad que ha comprometido durante años la equidad, la seguridad y la propia existencia del deporte de mujeres.
La categoría femenina existe precisamente porque el sexo biológico determina diferencias objetivas en el rendimiento físico. El sexo no es una identidad ni una creencia: es un dato fáctico inscrito desde la concepción en los cromosomas y en la biología reproductiva de cada persona. Quien nace varón y atraviesa la pubertad masculina desarrolla ventajas fisiológicas competitivas (mayor masa muscular, densidad ósea, capacidad pulmonar) que no desaparecen con el tratamiento hormonal. Permitir que personas con ese historial biológico compitan en la categoría femenina no amplía la igualdad, la destruye y perjudica a las mujeres deportistas.
890 mujeres en 29 deportes defraudadas
El impacto no es teórico. Un informe de la Relatora Especial de la ONU sobre violencia contra las mujeres documentó que 890 deportistas femeninas en 29 disciplinas distintas perdieron acceso a medallas, a becas y oportunidades por competir frente a nacidos varones que se autoidentifican transgénero o con diferencias del desarrollo sexual (DSD), que habían pasado por la pubertad masculina. Las llamadas políticas de inclusión del COI terminaron excluyendo a las mujeres de su propia categoría, después de años de entrenamiento y sacrificio.
Organizaciones feministas y de deporte femenino de España y de otros países llevan años alertando sobre esta situación y respaldando la posición que el COI ha terminado por adoptar: la categoría femenina debe estar basada en el sexo biológico, no en la identidad de género. Y esto no niega derechos ni oportunidades a las personas trans, que pueden competir según su sexo biológico. De lo que se trata es proteger los espacios materiales y simbólicos de las mujeres deportistas.
Sandra Moreno























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