Domingo, 03 de Mayo de 2026

Actualizada Domingo, 03 de Mayo de 2026 a las 09:41:16 horas

Juan de Dios Crespo Pérez
Juan de Dios Crespo Pérez Domingo, 03 de Mayo de 2026

El incidente entre Israel y Palestina en el congreso de la FIFA

F. Europa PressF. Europa Press

Acabo de volver de Vancouver, donde se ha celebrado el 76º congreso de la FIFA, donde todo ha ido como la seda y en el que el presidente Gianni Infantino ha dado la noticia de que se va a presentar a la reelección del año que viene, lo que fue aplaudido por todos los miembros del organismo y que ya cuenta con el apoyo de la CAF (África) y de la CONCACAF (Norte y Centro América y el Caribe).

 

Parece imposible que alguien pueda con él. Pero, ese dulce paso con todos los puntos aprobados sin ningún voto en contra se vio atrapado en una pelea entre Palestina e Israel.

 

No es la primera vez, ya lo sé, pero en esta ocasión ha habido más dureza verbal y gestual, si cabe, que en las anteriores veces que se cruzaron ambas federaciones.

 

El presidente de la asociación palestina fue con todo, acusando de agresor a Israel y de todos los males existentes en su país, no solo en el fútbol, sino también en el resto de la vida del lugar.

 

Exigente, con la kefia al cuello, como arma visual, se ha dedicado, en casi media hora, a pedir mano dura por parte de FIFA contra el Estado hebreo. Lo ha hecho leyendo y en inglés.

 

Del otro lado, el vicepresidente de la federación judía un árabe-israelí, uno del aproximadamente 21 % de árabes que viven en el país, que ya no es solo hebreo, sino multinacional, con hasta cuatro religiones conviviendo bajo el mismo pasaporte.

 

Y, él lo ha hecho hablando en árabe, una de las lenguas, si no oficiales de FIFA, si que lo es para el Congreso. Un golpe maestro de la federación de Israel, dicho sea de paso.

 

En 15 minutos, ha despachado las evidencias de su asociación, que cuenta con muchos clubes árabes, donde los musulmanes israelíes no están discriminados y, en general, siendo mucho más comedido que su contrincante.

 

Al final de la batalla verbal, y con el presidente Infantino intentando conciliar, y que ambos representantes se dieran la mano, no lo consiguió, porque el palestino se negó a ello y no se acercó a menos de 3 metros del árabe-israelí. Se marchó con la cabeza alta, pisando fuerte y no volviéndose a mirar atrás.

 

* Publicado en AS

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