F: ShutterstockLa NBA introdujo en el último convenio colectivo una norma que pretendía poner orden en una práctica cada vez más extendida: el descanso programado de las estrellas durante la temporada regular.
Para optar a los premios individuales —jugador más valioso, mejor defensor, jugador más mejorado y los quintetos de la temporada— se fijó un umbral mínimo de 65 partidos disputados, con la condición de haber jugado al menos 20 minutos en la mayoría de ellos.
La intención era clara: desincentivar las rotaciones masivas y garantizar que los galardones recayeran en quienes realmente contribuían sobre la pista de forma sostenida.
La norma, sin embargo, no ha tardado en mostrar sus costuras. Equipos en reconstrucción siguen practicando el llamado 'tanking' con total impunidad, inventando excusas médicas para proteger sus opciones en la lotería del draft.
Y las estrellas, por su parte, han desarrollado estrategias para sortear el requisito sin comprometer su salud: jugar los minutos justos para alcanzar el umbral de 20, retirarse del partido una vez cumplido el objetivo, o acumular presencias testimoniales que vacían de contenido el espíritu de la norma.
Lo que debía ser un instrumento al servicio de la competición se ha convertido en una fuente inagotable de polémicas, recursos y agravios comparativos.
Y el último episodio de esta serie, quizá el más llamativo, acaba de producirse con dos de las mayores estrellas de la liga.
Diego Fierro Rodríguez





















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