
El excolegiado y exvicepresidente del CTA confiesa haber recibido encargos de empresa de Jesús Gil siendo segundo del CTA
En una entrevista con Miguel Galán, en el nuevo programa "Mejor llama a Galán" en TV, el excolegiado y exvicepresidente del CTA, Urizar Azpitarte, ha revelado que en su día recibió una llamada de Jesús Gil, quien —siempre según su versión— le propuso realizar una campaña a través de sus empresas de marketing.
A preguntas del entrevistador, aclara que no se trataba de una campaña electoral para la presidencia del Atlético de Madrid, sino de una campaña de inicio de temporada con acciones dirigidas a los socios, incluyendo el envío de regalos y otros productos.
Asimismo, sostiene que presentó una oferta, que cobró por ese trabajo, que pudo hacer un descuento y que incluso ganó más dinero.
Durante la entrevista, Urizar confirma también que en ese momento era vicepresidente del CTA. En su relato, asegura que Jesús Gil “no me quería ni ver” y afirma haber renunciado a dos finales de la Copa del Rey en las que jugaba el Atlético de Madrid debido a los insultos que, según dice, recibía.
En otro momento, defiende que su actividad empresarial era independiente de su faceta arbitral. Se define como “un árbitro amateur” con empresas propias y socios, y sostiene que de cada partido no sacaba “prácticamente ni una peseta”, por lo que tenía que trabajar.
"Vamos a dejarlo claro. Yo soy un árbitro amateur que pita y que tengo unas empresas, y esas empresas son las que trabajan, donde yo tengo socios dentro de esas empresas, una sociedad anónima, una sociedad anónima limitada, que son las que trabajan. Simplemente yo me dedico a eso. Además, de cada partido no sacaba prácticamente ni una peseta", dijo Urizar.
"Lo que queremos decir es que en esa época no solo Enrique Negreira podía cobrar de un club de fútbol; es decir, que árbitros podrían cobrar de otras cosas y te consta que ha habido otros árbitros que han podido cobrar, pero porque tengan empresas".
En la parte final de la conversación, al ser preguntado por pagos de clubes a árbitros o vicepresidentes por actividades profesionales ajenas al arbitraje, explica que la federación sacaba a concurso el servicio de mensajería y que un año lo ganó su empresa. Según afirma, ese servicio se prestó “para todos los clubes, para la federación, para el extranjero y para todos los sitios”, y lo califica como una actividad “lícita”.




















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