Jueves, 16 de Abril de 2026

Actualizada Jueves, 16 de Abril de 2026 a las 00:07:25 horas

El Real Madrid, eliminado por el Bayern de Múnich en los cuartos de final de la Champions

EFE / IUSPORT Miércoles, 15 de Abril de 2026
F. Europa PressF. Europa Press

El Real Madrid murió en la orilla de la remontada, envuelto en una épica insuficiente para batir al Bayern Múnich, que firmó una victoria (4-3) con la que terminó la temporada del equipo de Álvaro Arbeloa tras despedirse con dignidad de la última bala que en otras ocasiones dio en la diana: la Liga de Campeones.

 

El despertar blanco llegó tarde, con la Supercopa, la Copa y la Liga perdidas. No tenía más opciones y dio todo lo que tenía en el Allianz Arena. Firmó un primer tiempo desatado, se encorsetó en el segundo e hincó la rodilla en el 87, cuando Luis Díaz marcó el 3-3 justo después de la expulsión de Camavinga, otra vez señalado. Un final cruel.

 

Y es que hay noches en Europa que no se explican, se sienten. Y esta empezó con un guiño inesperado del destino, de esos que tanto le gustan al fútbol y tanto desconciertan a la lógica. Porque en el escenario del Allianz Arena, donde se esperaba el ruido de Mbappé, la electricidad de Vinícius o el mando de Bellingham, emergió un nombre que no figuraba en los focos: Güler.

 

Y lo hizo sin pedir permiso. A los 39 segundos. Ni uno más. Un error impropio de Neuer abrió la puerta. Mala entrega, balón al centro, y Güler, sin domesticarlo siquiera, lo envió directo a la red. Así, sin prólogo. El Real Madrid igualaba la eliminatoria antes de que el partido se asentara.

 

Ese gol no calmó nada, al contrario: encendió una primera parte vibrante. Ida y vuelta, vértigo y determinación. El Real Madrid, sin bandera blanca en el equipaje. El Bayern, con una presión asfixiante, como si cada balón fuera el último.

 

El equipo de Arbeloa no lograba gobernar el partido, pero sí tenía colmillo. Y en Europa, eso basta para seguir con vida.

 

El Bayern respondió pronto. A los cinco minutos, empate tras un error defensivo. Vuelta a empezar. Y el partido se convirtió en una prueba de resistencia.

 

Durante 25 minutos el Bayern apretó, dominó, empujó. Pero cuando parecía tener el control, volvió Güler con un golazo desde la frontal. El que reclamaba el madridismo.

 

Pero no era noche de administrar ventajas. Era noche de sobrevivir a los golpes. Apareció lo inevitable: Harry Kane, que no perdonó. Nuevo empate. Pulso intacto.

 

Y cuando el descanso asomaba, el Real Madrid recordó quién es. Primero un aviso de Vinícius al larguero. Después, el tercer martillazo: contra perfecta, definición de Mbappé y 2-3. Sin anestesia. Porque el Real Madrid, cuando parece sometido, no se rinde.

 

El segundo acto fue más táctico, más contenido. Cada error podía ser fatal. El Bayern insistía, el Madrid esperaba. La tensión se palpaba.

 

Y así se llegó al final: todo se iba a decidir en un detalle. Y ese detalle fue Camavinga, expulsado en el 87 tras doble amarilla.

 

Entonces apareció Luis Díaz. En el 87, sacó un zapatazo desde fuera del área que lo cambió todo.

 

Después, Olise cerró el partido con el 4-3 definitivo y la épica blanca se desvaneció. Dos instantes que acabaron con la temporada: adiós a la Copa, adiós a la Liga y adiós a Europa.

 

El equipo de Arbeloa dio la cara, pero tarde.
Fin.

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