Lunes, 06 de Abril de 2026

Actualizada Lunes, 06 de Abril de 2026 a las 21:17:45 horas

Pável Fernández
Pável Fernández Lunes, 06 de Abril de 2026

‘Residual’: la excusa favorita del fútbol moderno

Estoy agotado. Estoy cansado. Estoy harto. Da igual cuándo o cómo: todo el mundo utiliza la dichosa palabra “residual” a todas horas.


La usan jugadores, entrenadores, aficionados y periodistas. No importa el criterio ni el concepto. Cuando interesa que una acción sea “residual”, aparece la palabra; y cuando no interesa… también.

 

No importa tener razón. Ni siquiera importa que sea justo. Porque la realidad es otra: en el fútbol ya nadie quiere justicia. Quédaros con esta idea: nadie quiere justicia. Todos, absolutamente todos, lo que quieren es beneficio. Si lo obtienen, no hay queja, aunque la justicia brille por su ausencia.

 

 

Por eso conviene hacer, de una vez por todas, una guía clara de lo que es residual… y de lo que no. Así, la próxima vez que el amiguito de turno saque la palabrita, podrás compartirle este artículo por el bien del fútbol y, de paso, de la cordura colectiva.

 

NO ES RESIDUAL


Cuando un defensa golpea al atacante sin tocar el balón en ningún momento, resulta casi cómico escuchar que algunos consideren residual una acción en la que el atacante haya disparado o pasado el balón antes del golpe, eso no convierte la acción en residual. ¿En qué momento ocurre esa transformación?

 

¿El defensor tocó el balón? No. Entonces no puede ser residual.


Tampoco lo es cuando el defensor toca primero el balón, pero el golpe posterior es temerario, existe fuerza excesiva o conlleva riesgo de lesión. En cualquiera de esos casos, la acción sigue siendo sancionable.

 

¿CUÁNDO ES RESIDUAL?


Cuando el defensor toca claramente el balón, y después existe un contacto, y ese contacto no es temerario, ni implica fuerza excesiva, ni supone riesgo de lesión. Incluso si ese contacto acaba derribando al adversario.


Honestamente, no parece tan complicado.

 

El problema es el de siempre: nadie quiere entender, nadie quiere escuchar. Porque, como ya he dicho, aquí nadie quiere justicia, solo beneficio. Y en medio de todo este ruido, la palabrita “residual” se lleva todo el protagonismo.

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