F: ShutterstockEn los últimos tiempos, en vista de la situación política ocurrida ya hace varios años en Venezuela, se ha producido en los países vecinos de la región un fenómeno migratorio sin precedentes, que definitivamente ha tenido un impacto económico y social intenso. El Perú ha sido el segundo país receptor de la migración venezolana, según el informe de ACNUR del 2024. Independientemente de los efectos positivos que dicha migración ha generado, la población peruana ha percibido, desde un enfoque netamente de seguridad interna, que dicha migración ha tenido también un efecto negativo por el acrecentamiento de la delincuencia mediante actos violentos. Todos los días, de una u otra manera, surgen noticias sobre hechos ilícitos en los que están involucradas personas de distintas nacionalidades, principalmente venezolanos, ya sea como responsables o víctimas.
Sin embargo, también es importante reconocer que la migración también ha impactado positivamente en el deporte, sobre todo en aquellas disciplinas deportivas en las que el país no ha tenido, salvo excepciones, mayores reconocimientos por sus logros. No se ha tenido en cuenta el carácter integrador del deporte ni la categorización jurídica de derecho humano a que se refiere la Ley 28036, Ley de Promoción y Desarrollo del Deporte. Efectivamente, el primer párrafo del artículo 1 de la precitada ley establece lo siguiente:
“La práctica del deporte en general constituye un derecho humano y, como tal, es inherente a la dignidad de las personas. El Estado y la sociedad propician y garantizan el acceso a su práctica y la integración de las personas al Sistema Deportivo Nacional (SISDEN) sin discriminación en razón de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de otra índole”.
Es claro entonces que el ordenamiento peruano categoriza al deporte como un derecho humano y le asigna al Estado el mandato genérico y explícito sobre su carácter integrador sin distinción alguna. Por ello, la trascendencia e impacto del deporte no solo merece una visión económica o de impacto en la seguridad interna, sino que además determina la necesidad de visualizarlo desde una óptica positiva e integradora mediante el deporte. En este sentido, resulta muy ejemplificador la visión constructiva que sobre el deporte y la inclusión social contenía el extinto Plan Nacional del Deporte 2011 -2030:
“El deporte puede usarse asimismo para reducir las tensiones y prevenir los conflictos a un nivel comunitario más amplio. La violencia tiene muchas causas, como la falta de oportunidades resultante de la exclusión social y económica de importantes sectores de la sociedad: personas con capacidades diferentes, aborígenes, miembros de grupos de minorías étnicas y culturales, solicitantes de asilo, refugiados, niñas y mujeres, personas sin hogar y jóvenes desempleados que no asisten a la escuela. El deporte enseña a establecer relaciones pacíficas con las contrapartes y los adversarios”.
José Antonio Abanto Valdivieso














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