Lunes, 06 de Abril de 2026

Actualizada Lunes, 06 de Abril de 2026 a las 14:36:45 horas

Enrique Arnaldo Benzo

Cambio de rumbo en el COI: nueva política de protección de las categorías femeninas en el deporte

Enrique Arnaldo Benzo Lunes, 06 de Abril de 2026
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Tras años de  especulaciones e intensos debates sobre uno de los temas más polémicos del deporte mundial de los últimos años, la semana pasada, el Comité Olímpico Internacional ha dado un giro de 180 grados al aprobar limitar la elegibilidad para participar en categorías femeninas de los Juegos Olímpicos a mujeres biológicas, aplicando al efecto una única prueba genética. La decisión será efectiva en los Juegos Olímpicos que se celebrarán en Los Ángeles 2028.

 

Para entender cómo hemos llegado hasta aquí, hemos de retroceder a 2009, con la irrupción de la atleta Caster Semenya que, tras sus victorias en atletismo fue sometida a un test sexual que provocó su retirada temporal de las competiciones reapareciendo dos años después con nuevas victorias. El caso Semenya inició uno de los debates más complejos del deporte contemporáneo, por la compleja confluencia de criterios científicos, legales y éticos en la elegibilidad de atletas con diferencias en el desarrollo sexual o con características biológicas asociadas al sexo masculino en competiciones femeninas. Este caso marcó el punto de partida de una discusión que, desde entonces, no ha dejado de evolucionar.

 

Así, mientras históricamente los organismos deportivos internacionales han tratado de preservar la equidad competitiva en el deporte a través de distintos mecanismos de verificación del género, no exentos de polémica, como controles físicos en sus inicios, pasando por pruebas cromosómicas y, más recientemente análisis hormonales, el COI tras años de trabajo, ha establecido una nueva hoja de ruta con la prueba del gen SRY.

 

Esta nueva política es el resultado de la revisión realizada por el COI, tras los JJ. OO de París de 2024, durante los que fue muy controvertida la elegibilidad de la argelina Imane Khelif en la categoría femenina de boxeo. Su admisión provocó retiradas de rivales por el miedo a recibir golpes de una deportista con una ventaja de rendimiento respecto al resto de atletas de la categoría. La polémica se amplificó tras el oro olímpico de la argelina, que tenía la condición de mujer intersexual, con cromosomas XY, que supone altos niveles de testosterona. El episodio dejó al descubierto una realidad incómoda: la normativa internacional era confusa e incierta y hasta contradictoria y el consenso, sencillamente, no existía. De esta manera, tras apagarse el pebetero olímpico en la capital francesa, quedó flotando en el aire una pregunta. ¿debe el deporte abrazar la diversidad o proteger a la competición de ella?

 

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Enrique Arnaldo Benzo

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